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Las huellas de mis hombres

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altHoy hace veintinueve quince de abriles, se elevó hacia la eternidad. Ahora etéreo y sutil, pero siempre presente. Por ratos no lo siento, pero siempre lo pienso. Hoy lo pienso como ayer. Viejo, te pienso. Hoy pienso también al Abuelo, padre de mi madre.

Dos hombres importantes en mi formación. Diferentes pero iguales. Ambos sabios y luminosos, agrónomos, amantes de la tierra, creyentes de los misticismos del alma y bondadosos. Aquel mes de abril, no sé si lo planearon, si lo sabían o se lo revelaron. Pero sus partidas con diez días de diferencia, nos dio duro.

Sabíamos, como nos enseñó el abuelo, que “cuando el cuerpo está deteriorado, el alma tiene que elevarse”. Pero las partidas siempre son difíciles, particularmente para quien se queda. Aún después de tantos años los celebro. Porque hay seres que pasan por la tierra y dejan huella, aunque sea una, y esa queda plasmada para toda una eternidad. No sé cuantas dejaron, pienso que muchas, pero aseguro que en mis sus huellas hicieron mella. Huellas de compasión, bondad, amistad y familiaridad. Huellas que definen amor.

En honor a ambos, deseo también dejar mis huellas al lado de las suyas. Y que mi hijo, pueda encontrar en la arena que pise todo un universo de huellas como las de ustedes. Y que los hijos e hijas de mi hijo puedan encontrar esas huellas; y las hechas por hombres sensibles, compasivos, y respetuosos de sus parejas y sus hijas (e hijos también) como lo fueron ustedes.

Es que en este mundo turbulento que estamos, de pronto siento como si todos los adelantos de la modernidad me llevaran en una espiral hacia un pasado donde la mujer es cosificada e irrespetada como una cotidianidad. Entonces, se encienden estas luchas feministas. La lucha de un lado y del otro se convierten un tanto en lo mismo. Cuando pienso, la solución está en el amor propio, en el respeto y en la tolerancia a la diversidad.

Hoy, aniversario de sus partidas, Padre y Abuelo que están en los cielos, honro desde la tierra esas huellas que dejaron de respeto a lo femenino, huellas de sensibilidad nacidas desde su masculinidad. Celebro ser parte de su estirpe. Que siempre brille la luz.