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La vida: ¿frenesí o ilusión?

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altEn estos días he estado meditando sobre las cosas pequeñas que hacen dar vueltas a la vida. No solo vueltas para continuar creciendo, sino esas vueltas que se dan como acto final.

Es que la pasada semana, Anthony Bourdain y Kate Spade, dos personas afamadas que aparentemente los tenían todo, se quitaron la vida. Y es que pensamos que ser famoso, tener dinero y llevar una vida de lujos es lo que va a definir el éxito en nuestra existencia. Sin embargo, cuán lejos de la verdad estamos. Estos dos sucesos me trajeron a la memoria dos sucesos familiares.

Uno fue aquel momento en que mi amiga Blanca, una mujer alegre, inteligente y en sus treintas, estaba postrada en su lecho de muerte batallando ferozmente contra un cáncer que la devoraba. Con esa elocuencia y sabiduría que solo ella tenía me dijo: “Sabes, esta lucha es bien fuerte y si no fuera por la fe que tengo, terminaba mi vida. Esta batalla es mía sola, y por más personas que tenga a mi alrededor, estoy sola. Sola con esta lucha y conmigo.” También vino a mi mente mi hijo, a sus dieciocho años, en una cita médica. Estaba acurrucado en mi falda como un infante, pasando una depresión severa por un primer amor frustrado. A preguntas de si tenía ideas suicidas respondió “No, estoy muy triste pero mi Mamá me ha enseñado que quitarse la vida no es la forma de resolver los problemas”. Sentí alivio al escuchar sus palabras.

Por otro lado, recientemente tuve la oportunidad de compartir la felicidad y el amor de una pareja de amigas gay, Kenia y Marieli quienes decidieron casarse legalmente. Estas mujeres sencillas, valientes y afables decidieron romper estigmas sociales y declarar su amor hacia la otra de forma abierta, honesta y respetuosa. En ese ánimo hicieron de su celebración de boda un evento muy emotivo y sentido. Ambas mostrando su corazón y su alma al mundo como son, sin temor a enfrentarse a los vaivenes de la vida y la sociedad. Siendo honestas con ellas mismas y ante la sociedad.

Y que tienen que ver el tema de suicidios con bodas gay, preguntarán. Lo tienen que ver todo. Ambos eventos son parte del vivir. La diferencia es el permitirse vivir la vida con la plenitud de espíritu, que no es igual a plenitud de fama o dinero. Hay que vivir la vida con pasión, con frenesí. Pero esa pasión tiene que incluir honestidad de carácter y espíritu propio. Esto incluye saber pedir una mano de ayuda, un hombro para apoyarnos, unos oídos para que nos escuchen. Amándose a uno mismo de forma desprendida se puede amar al otro. Así es que uno es realmente rico. Si no, solo se vive una ilusión, ficticia, vacía y en desolación.

Todo esto me lleva a esos famosos versos de Calderón de la Barca, y pregunto como lo hizo Segismundo ¿Que es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Entonces, construyamos nuestros sueños como unos de amor propio para poder amar al otro u otra.