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Vivir con mil dólares o no vivir

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alt“Con el estilo de vida que tengo, no puedo vivir con mil dólares.” Esa fue le épica respuesta de José Carrión III, presidente de la Junta de Control Fiscal, a preguntas del periodista Jesús Rodríguez. Su respuesta denota no solo su cinismo sino el clasismo y desconexión con las necesidades de la mayoría de los ciudadanos de esta isla.

Señor Carrión, con el “estilo de vida” traducido a necesidad de vida, que la mayor parte de los boricuas tenemos nadie en este país puede vivir con mil dólares mensuales. Los recortes absurdos y aberrantes que su Junta ha aprobado para imponernos nos convierten en una isla de pauperismo. Pero es claro por su respuesta que a usted no le importa un bledo. Usted vive con una cuchara de plata en la boca y así criará a sus hijos, con poca empatía para con su país y su gente. Tenga cuidado señor, porque a veces se desarrolla alergia al argento. En cuyo caso, un día usted también podría verse aplastado por la rueda de abajo, como ahora la Junta aplasta al pueblo.

Vivir con mil dólares o no vivir, esa es la pregunta. Como se pretende hacer una reforma laboral que en efecto reduce ingresos y beneficios de los trabajadores; y a la vez se pretende que esos trabajadores puedan pagar servicios a precios carísimos con sueldos de pobres. Como se supone que los estudiantes universitarios puedan pagar créditos a precio de Estados Unidos, si aquí no tenemos las mismas condiciones, circunstancias o calidad de vida que allá. Han usado chinas y botellas para hacer números y comparaciones.

Amén de aquellos trabajadores y trabajadoras que luego de haber rendido sus años de servicio se retiran con unos ahorritos que fueron obligados a dar en administración a sistemas de retiro del gobierno; y ahora ustedes, como piratas, los saquean, dejándolos sin posibilidad alguna. A caso la Junta consideró entre sus posibilidades, recomendar investigaciones criminales contra todos los políticos y pasados funcionarios público que llevaron al país a esta debacle económica. De haberlo hecho, en vez de asfixiar al pueblo, un remedio pudo ser la confiscación de los bienes y riquezas acumuladas como producto de esos actos. Pero eso es impensable, porque a su derecha en la Junta, se sienta Carlos García, uno de los artífices de esta debacle económica. Y claro, el come con la cuchara de plata que está al lado de la suya. Y por supuesto su respuesta, igual que la suya, es que con su estilo de vida tampoco podría vivir con mil dólares.

Entonces porque ser tan mercenarios y mezquinos de forzar al pueblo a cambiar sus estilos de vida, el cual me atrevo a apostar son más razonables y comedidos que los suyos. Cambios que afectan a gentes de todos los colores político-partidistas, y corre a lo largo y a lo ancho de la Isla. La contestación es obvia, se quiere obligar a una emigración en masa. Se busca hacer la Isla una inhabitable para las personas comunes y corrientes. Se busca convertir la Perla del Caribe en un manjar para unos pocos que ni siquiera tiene a bien nuestra cultura ni tradiciones. Se dan incentivos contributivos y se hace a Puerto Rico un paraíso fiscal para los extranjeros mientras que en pleno siglo 21, se busca esclavizar y estrangular económicamente al pueblo puertorriqueño.

Porque no empezar a hacer boicots en masa a todas las agencias e instituciones gubernamentales y negocios extranjeros. ¿Qué tal si todos decidimos, por ejemplo, el mes que viene, dejar de pagar la cuenta de agua y el próximo mes la luz; o estar una semana completa sitiando la fortaleza o el capitolio en protestas masivas de pueblo? ¿Qué tal si boicotear comprar en X o Y comercio extranjero, por 1 día, 1 semana, 1 mes; y a su vez solo apoyar aquel comercio local, que tenga precios razonables para el pueblo? Llegó la hora de actuar y dejarnos de chiquitear. No podemos seguir actuando con la mansedad de corderos que van a ser degollados en la carnicería. Está en las manos del pueblo afirmar y exigir que no se tolerarán los abusos de la Junta ni de los gobernantes. Si no, tendremos que conformarnos con vivir con mil dólares al mes o no vivir aquí. Ese es el reto.