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Puerto Rico con su techo de cristal le “tira piedras” a Venezuela

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altHace una semana atrás con bombos y platillos se alegó que desde nuestra isla había partido y aterrizado un avión en suelo venezolano con ayuda humanitaria. Todos sabemos la pachotada internacional en la que resultó ese cuento. Desde entonces al Secretario de Estado, Luis Rivera Marín, lo tienen bien escondido, para que no vuelva a meter las patas. Es que según el refrán “en boca cerrada no entran moscas”.

Entonces, hablando del tema de Venezuela me parece que deberíamos tener más prudencia cuando opinamos si se debe o no invadir para sacar a su actual gobernante. No creo que muchos puertorriqueños tengamos los datos correctos de lo que verdaderamente está sucediendo en ese dentro de Venezuela, más allá de toda la publicidad mediática que corre por las redes sociales y los noticiarios norteamericanos.

Distinto a la situación de Puerto Rico, que somos una colonia de los Estados Unidos, Venezuela es un país soberano e independiente, que se rige por sus propias leyes y su propia constitución. Ello es independientemente de los méritos o la falta de ellos que pueda tener el presidente Nicolás Maduro o el auto-proclamado presidente Juan Guaidó. Es Venezuela y sus ciudadanos, quienes son los llamados a llevar a cabo las elecciones de su país escoger a sus gobernantes. Una intervención por la fuerza de Estados Unidos o de cualquier otro país para imponer un gobierno no seleccionado por los venezolanos, es regresar a los tiempos del oscurantismo político.

Del mismo modo en que nos pareció una parodia de la justicia, la intervención de Rusia en las elecciones de los Estados Unidos (que aún anda bajo investigación), así mismo lo es la intervención de Estados Unidos con los asuntos políticos de Venezuela, o de cualquier otro país, al punto de querer derrocar por la fuerza al incumbente. La historia de Centro y Sur América está manchada con la sangre de miles de desaparecidos, que precisamente se perdió por este tipo de intervención colonizadora y abusadora de los Estados Unidos.

En esta época tecnológica y altamente globalizada, es muy fácil hacer y crear campañas mediáticas de desinformación o “fake news”. Por eso es importante tener cuidado con las fuentes de donde provienen las noticias, y es más importante explorar fuentes de información que provienen de diversos países y medios para poder evaluar la veracidad de lo que se recibe. Ciertamente parte del problema en Venezuela tiene que ver con asuntos económicos, con la distribución de las riquezas entre sus clases sociales y particularmente con el control del petróleo. Sin embargo, no puede ser Estados Unidos quien diga cómo se rige la economía de otros países soberanos.

Si el asunto de Venezuela fuese solamente una cuestión humanitaria, como quieren hacer ver, entonces tenemos que preguntarnos porqué Estados Unidos tiene en el olvido a Haití. Esa nación caribeña, también soberana y una de las más pobres del planeta, no tiene petróleo ni ningún recurso de valor que la haga deseable de poseer. Por tanto, sus ciudadanos, mayormente negros, son relegados al olvido y a la miseria. Y mientras tanto, nosotros acá en Puerto Rico que estamos sometidos al yugo directo del amo, nos pensamos superiores a Venezuela y Haití. Vivimos negando el Síndrome de Estocolmo que llevamos padeciendo por años. Lo único que sabemos hacer es llorar, quejarnos y pataletear cada vez que Estados Unidos quiere limitar los fondos que nos asigna.

A nosotros se nos hace difícil pensarnos como un país capaz e independiente. Nos ofende y nos duele como nos gobiernan los políticos corruptos, los abusos de los bonistas y la Junta de Control Fiscal. Hablamos por lo bajo de cómo el gobierno ha desmantelado nuestra Universidad, de cómo vende nuestra Isla a extranjeros, de cómo desplaza a nuestros ciudadanos, de cómo deshumaniza nuestra vejez; pero no nos atrevemos a actuar más allá de llevar a cabo algunos piquetes y marchas. Y entonces, al que marcha, piquetea o protesta lo tildamos de izquierdista y mal agradecido. Eso es opresión.

Me pregunto, si nuestros gobernantes y nosotros como pueblo estamos incapacitados de defender la dignidad de nuestro pueblo borincano, quienes somos para hablar del “techo de cristal” del vecino pueblo venezolano. Es fácil hacerse de la vista larga con los problemas de uno y criticar al del lado. Pienso que es más digno permitir que Venezuela sea quien decida sus propios asuntos, y nosotros los puertorriqueños ocuparnos de los nuestros, que son muchos. El techo de Puerto Rico es uno de cristal. Por lo tanto no debemos tirar piedras al techo del vecino. Con la boquita cerrada nos entrarán menos moscas que las que ya nos comimos con la infame mentira del vuelo del avión perdido con ayuda humanitaria.