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El gozo de la edad dorada

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altA los adultos de 60 años o más, se les refiere coloquialmente como que se encuentran en “la edad dorada”. Sin embargo, el envejecer también se le refiere como entrar en el otoño o el invierno de la vida. En los otoños la hojas de los arboles se caen para permitir un nuevo regeneramiento. El invierno se asocia con la nieve blanca y los hilos plateados que adornan los cabellos de muchos adultos mayores. Por otro lado cuando en la historia nos referimos a la llamada “edad de oro”, en nada tiene que ver con adultos mayores, sino que se refiere a una época de mayor esplendor, especialmente en las artes y las letras.

Me atrevo a pensar que en este mundo modernizado que vivimos preferimos referirnos a lo “dorado” de la edad de un adulto mayor porque es más glamoroso así hacerlo. El dorado representa brillo y esplendor. Pensar a que un adulto mayor está en su edad dorada es mucho más positivo que pensar al adulto mayor en el ocaso o el otoño de su vida. Aunque el otoño también es importante para permitir la regeneración eventual de la vida misma.

La realidad del caso es que no hay que darle mucha importancia a las etiquetas con que se clasifiquen las edades, especialmente la de los adultos mayores. Lo cierto es que en esta generación la gente es más longeva, por lo tanto hay una población mucho más grande de adultos en su edad dorada. Lo importante es apreciar lo aprendido, lo caminado y lo bailado cuando uno se convierte en adulto mayor. En el proceso de envejecer no se puede perder el gozo de vivir ni de sentirse útil. Por eso es importante tener una red de apoyo para sostenerse en las altas y en las bajas. Esa red es importante a lo largo de todas las etapas de la vida, pero lo es más mientras uno entra en etapas más vulnerables de la vida, como lo es la vejez.

Aplaudo y admiro a mi Madre, que este año cumple sus 83 y tiene más energía que el “conejo de energizer”. Ella no para de hacer. Da servicio voluntario, hace tai-chi, se conoce muchísimos chinchorros o restaurantes típicos a lo largo de la isla, viaja a otros países, y tiene un grupo de amigas contemporáneas que tampoco se le paran las moscas. Este fin de semana andan por el “Festival del Frío” en Adjuntas.

Anoche mi Madre y yo fuimos invitadas a cenar en casa de mi padrino Néstor y su esposa Olga. Ellos también están en la edad de oro y son contemporáneos con mi Madre. Dentro de nuestra conversación no faltaron la historias del ayer ni de los achaques de la vejez. Sin embargo, lo más que me disfruté de compartir con estos tres seres “ochentosos” fue su gusto por la vida. Mi padrino torcía de gusto sus ojos verdes cuando hablaba de lo buena que la había quedado la comida a Olga, y se relamía pensando en unas albóndigas que hizo “from scratch” el día anterior. Conversamos de la familia, de sus nietos y biznietos, de política internacional y local, y de otras trivialidades. El próximo martes mi Padrino cumple sus 83, a él le envío muchas bendiciones y espero, que como muchos de sus parientes, pueda vivir hasta pasado los 90's con la fortaleza, ánimo y salud que tiene hoy.

Lo importante en la edad dorada es vivir el presente al máximo disfrutando lo que cada día trae. Sí, es cierto que en la vejez hay que lidiar con limitaciones y con muchos achaques de salud. Pero el enfoque debe ser en continuar haciendo y compartiendo en alegría con la familia y las amistades, que son la familia escogida. En tanto, nosotros, los que todavía somos algo más jóvenes, pero que nos vamos acercando a esa edad dorada, debemos aprovechar cada momento para disfrutar y compartir con nuestros padres y madres, o con nuestros familiares o amistades mayores. Ellos tienen un caudal de sabiduría, cuentos y memorias históricas que enriquecerán nuestros pasos, y nos permitirá hacerlos sentir queridos y apreciados. Hay que aprender no solo a saber gozar de la edad dorada, sino a disfrutarnos a nuestros adultos mayores en su edad dorada. De ese modo sentamos un ejemplo y también hacemos patria.