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Michael Cohen: demagogia y el testigo

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altEn estos días en el Capitolio Federal se están dando las vistas de Michael Cohen, quien es abogado y fue el asesor personal del Presidente Trump por los últimos 12 años. Cohen también fue el vice presidente de la organización Trump. Por sus propias admisiones, durante todos estos años su trabajo fue desenredarle los tuertos al señor Trump y allanarle los caminos, de la forma que fuera, para que aquel pudiera lograr sus objetivos. Los cuales tienen que ver con mantener o aumentar sus riquezas y acallar a sus críticos.

Ahora, desde la perspectiva de un acusado, expuesto a una sentencia de prisión de tres años, Cohen ha decidido cooperar con las autoridades para poder bajar su tiempo y no tener que cumplir tiempo de cárcel o cumplir muy poco. En el argot popular Michael Cohen se ha convertido en un chota. Lo interesante del asunto es que al ser confrontado por los senadores republicanos, las expresiones de éstos solo van dirigidas no a la sustancia de lo que Cohen dice, sino a atacarlo por haberse convertido en testigo y los motivos que lo puedan haber llevado a ello. En los tribunales, pasa eso todos los días, personas que han violado la ley deciden convertirse en testigos del pueblo y contar los hechos desde sus perspectivas.

Eso en sí, no quiere decir, que esos testigos mientan sobre lo que dicen. Tampoco quiere decir que no lo hagan. El proceso para determinar o ir cuestionando la veracidad de ese tipo de testimonio se llama contra-interrogatorio. Y es a través de las consistencias e inconsistencias que surjan, que el juzgador de hechos (sea un juez, un jurado o el pueblo en el caso de Cohen) le da credibilidad a lo que dice ese testigo.

Tanto el pueblo estadounidense como el pueblo puertorriqueño está demasiado acostumbrado a la demagogia. La demagogia es una forma de acción política en la que existe un claro interés de manipular o agradar a las masas, incluyendo el hacer halagos y promesas que muy probablemente no se pueden cumplir. En el discurso demagógico se usan datos incompletos o incorrectos, y su fin u objetivo es conquistar el poder político a través del apoyo del pueblo. En arroz y habichuela, la demagogia es la basura y las mentiras que los políticos le dicen al pueblo, que son las cosas que el pueblo quiere escuchar, y vender la idea o promesa, o crear la expectativa de que ese político que las dice tiene interés en corregir o mejorar esa situación. Osease, usar la palabra para engañar.

Estamos en un momento donde el acceso a los distintos medios de comunicación es global. Como individuos tenemos la facilidad de buscar e instruirnos directamente por distintas fuentes, de opiniones o versiones distintas. Entiendo que es importante y parte

de la responsabilidad ciudadana de cada persona, el buscar más de una fuente de información para así crear una opinión propio, o tal vez tener criterios para cuestionar lo que nuestros políticos nos dicen como si fuera profético. En la medida que cada ciudadano fuera responsable de hacer ese ejercicio, sería más fácil desenmascarar todos los embustes y promesas falsas que los políticos hacen; y sería más fácil exigir que hagan lo que verdaderamente el pueblo entiende se debe hacer.

Pienso que nuestras mentes politizadas combinadas con un estado de pereza intelectual, nos impide auto-educarnos para ser más exigentes con nuestros políticos. En el caso de Puerto Rico ello puede ser uno de los síntomas del colonialismo. Pensarse en no tener derecho de cuestionar al que se percibe con más poder, es pensarse como poco. Nunca es tarde para dar un paso atrás y dar una mirada a las situaciones desde una perspectiva más amplia, considerando distintos puntos de vista. Hacer ese ejercicio con más frecuencia, puede despertar nuestra curiosidad, nuestras consciencias y sacarnos del letargo donde nos encontramos. Pensemos.