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Decisiones de vida o muerte

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altEstar en la casa a solas. Ambos retirados. Sin hijos en el hogar. Es la etapa de reconectarse y retomar proyectos pospuestos. Ir al reencuentro de cosas comunes, después de tantos años dedicados al trabajo y a la crianza de los hijos, puede ser un reto y un tanto abrumador. No es inusual encontrarse frente a la pareja y experimentar un sentimiento de estar ante un total desconocido. Sin embargo, después de la etapa del nido vacío, muchas parejas deciden honrar el compromiso de continuar caminando juntos hasta el fin de los días.

Entonces, un día común, como cualquiera otro, dentro de la rutina diaria, ambos salen juntos a hacer distintas gestiones. Él, la deja a ella en su gimnasio para luego recogerla. Al tiempo acordado llama para decir que va en camino. Pero no llega. Entonces ese sentido de alerta se enciende. ¿Dónde está? ¿Habrá pasado algo? Al rato una llamada y del otro lado una voz te informa que tu pareja tuvo un accidente, causado por una condición de salud. En ese momento la vida se detiene. El curso de los planes hechos toma un rumbo desconocido. El día que pensábamos común se transforma en uno de los más grandes retos de la vida. De repente hay que asumir el rol protagónico de tomar decisiones de vida o muerte; y de cómo enfrentar retos médicos que no habían sido contemplados ni dialogados entre la pareja con anterioridad.

Y es que la mayor parte de las personas no conversan sobre qué hacer o como quieren que su pareja proceda en caso de encontrarse en una situación de gravedad. Tal vez, pensamos que hablar de enfermedad, accidente o muerte, puede ser un mal presagio y atrae ese tipo de energía hacia uno. Así casi siempre ese tipo de conversación se pospone hasta que sucede lo inevitable. Entonces, en ese momento de crisis seria la pareja, los hijos y otros familiares se ven en la encrucijada de tener que decidir qué medidas especiales autorizar cuando la vida del ser amado tiende de un hilo, pero el remedio medico ofrecido no es mucho más alentador

Ya en dos ocasiones no muy lejanas una de la otra, he estado en situaciones donde he sido testigo de familiares o amigos cercanos verse en la difícil tarea de tomar la decisión de qué medidas autorizar a un hospital a tomar sobre la vida de un ser querido. ¿Se entuba, aunque uno sabe que la persona no lo hubiese querido? ¿Se opera aunque la operación solo va a prolongar un tiempo sin calidad de vida alguna? ¿Cuánto saben los médicos? ¿Qué de los milagros? ¿Dónde está Dios?

Tomar decisiones sobre la vida o muerte de un ser querido es una dificilísima y traumática. Entonces, por qué, igual que decidimos como queremos vivir, mientras estamos en la plenitud de nuestras capacidades, y por amor propio, y por amor a nuestros seres queridos, no decidimos sobre cómo queremos ser atendidos en casos de enfermedades terminales, accidentes o en nuestro proceso de morir. No dejemos esa carga a otros cuando en realidad se trata de nuestra propia vida o la forma de concluirla. Tener esa conversación y dar los pasos necesarios para dejar nuestra voluntad clara, puede ser nuestro último acto de amor. Medítenlo.