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Una visita al Sur

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altEste viernes en la tarde estuve visitando el área sur de la Isla como parte de un esfuerzo entre la Escuela Graduada de Planificación de Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras con la Cruz Roja. El propósito era identificar campamentos vecinales o “pop-up camps” de forma sistémica. Con esa encomienda, este viernes a eso de las 2:30 p.m., partimos la profesora Jenniffer Santos y dos estudiantes a visitar los municipios de Peñuelas, Guayanilla y Yauco.

El propósito de este esfuerzo es visitar los campamentos no oficiales para identificar su localización utilizando un geolocalizador e identificar sus necesidades actuales. En un plan de respuesta efectiva a un desastre, un componente vital es la evaluación del impacto que ha tenido la secuencia de eventos sísmicos en la población. En la UPR-RP, la profesora Santos lidera la coordinación y logística con sus voluntarios; ella ha estado visitando con diversos grupos los campamentos del área sur desde el primer terremoto de este año.

¿Qué son campamentos vecinales, no oficiales o pop-up camps? Son campamentos espontáneos de vecinos o familias, que localizan un terreno cerca de sus casas que ellos entienden les provee seguridad, en el sentido de que no tienen arboles ni estructuras que puedan caerles encima durante un terremoto. En esos terrenos baldíos hacen campamentos con carpas o casetas para pernoctar en comunidad.

La visita de nosotros se hizo en la tarde porque muchos de los residentes de los campamentos vecinales trabajan durante el día, y la tarea de recolectar data resulta más productiva una vez el horario laboral ha concluido. Al llegar a los campamentos vecinales, luego de identificarnos preguntábamos por el o la líder del campamento. Interesantemente, de los 8 campamentos que visitamos, 6 de las lideres eran mujeres.

La forma de localizar estos campamentos vecinales es precisamente preguntado a vecinos del área o en los mismos campamentos, donde pueden tener conocimiento de la existencia de otros campamentos vecinales. Una problemática existente es que estos campamentos pueden estar hoy pero no mañana, porque van surgiendo o desapareciendo dependiendo de las circunstancias atmosféricas y las necesidades individuales. Por eso es un reto su identificación y ubicación ya que pueden variar.

Factores comunes que observé entre los miembros de los distintos campamentos es que en su mayoría, se componen por grupos de familias que pueden incluir abuelos, hijos, nietos, hermanos, tíos, sobrinos y primos. En los campamentos viven 3 o más familias. Aunque nos dejaron saber que sus necesidades básicas están cubiertas, su mayor preocupación en este momento es la incertidumbre con la inspección de sus casas permanentes, y el recogido de desperdicios sólidos, entre las necesidades más sobresalientes. Todos los campamentos que visitamos, con excepción de uno que estaba bastante inaccesible, han sido visitados por muchas personas de la sociedad civil que les han llevado ayuda de diversos tipos. Por lo menos en dos de estos campamentos, al recibir tanta ayuda, ellos mismos han establecido centros de acopio para repartir a otros campamentos vecinales que tienen necesidades y no son tan accesibles.

Ya pasado un mes de los terremotos grandes, muchas de las personas que habitaban estos campamentos han regresado a sus casas si son habitables, se han ido con familiares a otros pueblos o han emigrado a Estados Unidos. Sin embargo, aquellos que los daños estructurales a sus viviendas las hacen inhabitables, aún esperan por una respuesta clara de las agencias gubernamentales estatales y federales.

La mayor crítica que recibimos en todos estos campamentos vecinales tiene que ver con la respuesta burocratizada e ineficiente del gobierno, tanto a nivel estatal como federal. Por ejemplo, una vecina nos indicó que a su comunidad han ido 2, 3 o 4 ingenieros distintos a inspeccionar una que otra vivienda en particular. Ella cuestiona la lógica de ese esfuerzo a cuenta gota, en vez de hacerse inspecciones por sectores o comunidades completas. La respuesta que ha recibido es que trabajan por referido, según se llene la solicitud de inspección. En otro campamento se nos trajo a la atención que a pesar de que se han hecho inspecciones, se han certificado viviendas como habitables cuando tienen grietas evidentes, forzando a los residentes a solicitar re-evaluaciones de sus propiedades.

Entonces tenemos que preguntarnos, no sería más eficiente enviar brigadas por comunidades, sectores o regiones, que incluya a varios ingenieros, personal de FEMA, municipales y estatales, para que contemporáneamente que se asista a los residentes a llenar las solicitudes de FEMA y de cualquiera otra ayuda aplicable, se hagan las inspecciones de viviendas del sector completo. No resulta eso más eficiente y económico, tener que moverse a llenar una solicitud de inspección y tener que esperar a que se envíe a un ingeniero tras otro a evaluar una estructura en particular, en un sector donde es sabido y conocido que fue impactado por el terremoto.

En nuestra visita fueron varias las personas, particularmente las mayores de 60 años, que al relatarnos sus experiencias con los terremotos, se pusieron evidentemente ansiosas y sus ojos se llenaron de lágrimas. No debemos olvidar que somos un archipiélago rodeado de fallas en el terreno. Hoy son los hermanos del área sur los que sufren, mañana pueden ser los del norte, este u oeste. Es hora de que el gobierno se ponga la pilas, y aprenda verdaderamente a escuchar a sus ciudadanos y a responder de forma eficiente, des-burocratizada, adecuada y sin politiquearías, a eventos atmosféricos y catastróficos. Esa es una de las formas que tienen los gobernantes de encaminarse a recuperar la confianza pérdida del pueblo. Ya veremos.