La mentira perfumada o el nuevo mundo de la demencia precoz de mamá-bebé

altLa mentira es una manera de desviar la realidad sobre algún asunto. Y aunque todos hemos dicho mentiras, este desvío, por así llamarlo, está mal visto en todas las sociedades sobre todo cuando se trata de los hijos en su relación con sus padres.

Hace casi cuatro años, cuando le diagnosticaron a mi madre demencia precoz -que a diferencia del Alzheimer, le conservaba todos sus sentimientos y su buena salud física, aunque no los nombres de las cosas o seres queridos-, fue un momento muy difícil para todos, porque no había habido casos en toda la familia que justificaran su estado. Y después de muchos estudios, su padecimiento resultó ser de índole emocional, no neurológico. Cuando mis padres se divorciaron, mami nunca quiso rehacer su vida. Su soledad autoimpuesta junto a otras  vicisitudes de la vida, la llevaron a padecer una depresión infinita y una regresión en el tiempo a los momentos de su niñez, los felices y los no tan felices. Como novatos en estos asuntos, primero intentábamos corregirla diciéndole la verdad, pero solo conseguimos hacerla sufrir más por nuestra ignorancia.

No cabía en nuestra cabeza el tener que mentirle pero, tuvimos que aprender. Algo que fue muy difícil y que nos hacía sentir y nos hace sentir, los peores de los hijos del planeta. Había que, según el médico, seguirle el juego para no tener que hacerla pasar malos ratos cada vez. Hay instantes en que ella solita se da cuenta de su situación y llora, porque extraña su presente con corazón de niña y busca a sus padres que no están a su lado. Nos estremece cuando jimiquea en voz bajita y los llama, a nuestros abuelos. Es esto lo más difícil, cuando pregunta por todos los muertos y hay que inventarle que están de vacaciones en Las Vegas o en Nueva York o en Katmandú y cambiarle el tema antes de que nos diga “mentirosa, ya papá no está” y su mirada se llene de lluvia.

Ahora, compartimos su realidad cuando hablamos con las personas que ella ve en la casa y les decimos que somos celosos, que no la compartimos con ninguno de ellos, que se vayan. Ella sonríe y cambiamos el tema. Hemos tenido que aprender acerca del perfume dulce, del adorno, de la verdad a medias y aún no terminamos de hacerlo. Cuando nos dice, por ejemplo, que una niña llora o que un hombre la llama para ir a una reunión en el trabajo…, le decimos: “Mamá, tienes súper poderes porque puedes escuchar voces a distancia y ese es un talento poco común” y cuando ve sus personajes cerca, le decimos “Tienes ojos de rayos X como Superman. Si te molestan me avisas que los echamos de aquí” y ella sonríe.

Últimamente, cuando cae la noche, le ha dado por gemir un llanto pequeñito, y parece no saber por qué lo hace. Al principio de esta etapa, nos desesperábamos, nos impacientábamos, pero descubrimos que con acercarnos y hablarle bonito se callaba porque estábamos allí dándole toda nuestra atención  como cuando se toma a una bebé grande en los brazos para calmarla.