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Una universidad vinculada al servicio comunitario*

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altNos reunimos hoy para compartir las emociones que provoca ver concluida una etapa importante de nuestras vidas. A partir de este día, muchos serán los momentos que recordaremos con cariño y fervor: desde nuestros inicios como “prepas” en el campus riopedrense; las primeras aventuras conquistadas; los cursos que vencimos; las profesoras y profesores que marcaron nuestra senda académica; las experiencias fuera del salón de clases que sellaron nuestros pasos por el Recinto; y quizás, lo más importante, las amistades que cultivamos en esta travesía y que hoy ya son nuestras amigas y amigos para siempre.

A partir de este instante, para muchas y muchos de ustedes la Universidad será ese lugar en el que convivimos por varios años y donde fuimos madurando nuestro espíritu juvenil. Habrá sido también nuestro segundo hogar. Esa casa de enorme patio que nos llevó a conocer otras perspectivas de la vida; que nos confrontó con nuestros dogmas; nos alimentó de nuevos conocimientos; nos hizo soñar; y donde definimos las sendas de nuestro futuro próximo.

Desde hoy, ustedes pasan a formar parte del selecto grupo de exalumnos de la iupi. Serán, ante todo, la mejor prueba de lo que somos capaces de lograr cuando ponemos nuestro mejor empeño y desafiamos los retos que se nos ponen de frente. Serán la mejor representación de la diversidad de talentos que habita en nuestra nación puertorriqueña.

Pero lo más importante, desde hoy son los rostros de la ilusión de un mejor mañana; la apuesta a que, como País, somos capaces de construir una mejor sociedad, más equitativa, justa, solidaria y democrática. Ustedes son el futuro, son nuestra esperanza.

Al tiempo que festejamos los logros que ustedes han alcanzado tras una jornada educativa de varios años, reflexionamos en torno al rol de nuestra institución en sus vidas. Y preguntamos si habremos cumplido cabalmente con nuestra misión de encaminar las nuevas generaciones de nuestro País hacia una vida más plena, próspera y consciente de los retos que debemos enfrentar para avanzar en la construcción de una mejor sociedad.

Nos preguntamos también si hemos sido para ustedes algo más que un depósito de saberes, o un mero recinto de salones para impartir cursos. Cuestionamos si habremos tocado sus vidas; si habremos despertado sus inquietudes; si aportamos a la formación de ciudadanas y ciudadanos comprometidos con el bienestar colectivo; si formamos hombres y mujeres libres y colmados de valentía para manifestar sus mejores ideas en aras de aportar a la gestación de una nueva Patria.

Nos interrogamos también si como institución somos más fuertes y pertinentes que ayer; si mañana nuestra Universidad será más necesaria que hoy; si habremos cumplido nuestro deber de dotarlos de las competencias que les permitan ejercer con eficiencia su carrera profesional; si habremos aportado a la formación ética y ciudadana de nuestros alumnos y alumnas. Estas preguntas no son mera retórica poética, son interrogantes que nos conducen a mirar con responsabilidad nuestro proyecto social y educativo y, a su vez, nos llevan a responder las dudas de aquellos que vituperan en contra nuestra y que, en un afán de estricta contabilidad, abogan por minar nuestros recursos financieros para marginar la producción de conocimientos y desvirtuar nuestros propósitos.

En momentos tan mágicos como este, y mirando desde este proscenio la emoción que provoca celebrar el final de una etapa importante en sus vidas, reafirmamos que la esencia de nuestra misión como institución de educación superior pública es ofrecer una preparación universitaria de calidad. ¡Y lo hemos logrado!

La mejor muestra está en este escenario: 2,884 graduandas y graduandos, entre ellos 114 nuevos doctoras y doctores, la cifra más alta en grados doctorales otorgados en Puerto Rico. Son, ante todo, jóvenes triunfadores, que con su afán y compromiso han sido merecedores de grandes premios y distinciones que valoran sus méritos académicos, deportivos, culturales y cívicos. Mencionamos, por ejemplo, a quienes recibieron la exclusiva Beca Truman, la Beca de la Fundación Nacional de Ciencia, la prestigiosa Beca Fullbright, los galardonados con la Beca Mellon Mays y la Beca Scholar de la Sociedad Química de Estados Unidos.

En este último año, muchos de nuestros estudiantes honraron el nombre de nuestra institución en competencias de prestigio internacional. Uno de nuestros alumnos ganó el segundo lugar en la conferencia Raymond N. Castle por un proyecto de investigación en química, en un evento que tuvo lugar en la Universidad del Sur de Florida. Otro grupo de nuestros alumnos se agenciaron el primer lugar en la competencia Unigame, un concurso de comunicaciones que auspicia la compañía multinacional Unilever y una de nuestras jóvenes fue premiada como una de las mejores investigadoras jóvenes en Ciencias de la Salud de Puerto Rico durante el 35 Foro Anual de Investigación y Educación por el Recinto de Ciencias Médicas.

También destacamos que, en este año, nuestro cuerpo de baile volvió a agenciarse varios importantes primeros internacionales por su talento; nuestras tunas fueron reconocidas con sendos premios; un grupo de nuestros alumnos ganó medalla de bronce en la prestigiosa competencia de la Conferencia Colegial Internacional realizada en Nueva Orleáns. En deportes, copamos los primeros lugares en las Justas de la Liga Atlética del Sistema UPR y luego, en la Liga Atlética Interuniversitaria, nos alzamos con el tercer lugar en la rama masculina y el cuarto lugar en la rama femenina.

Muchos de estos jóvenes están aquí presentes y, al igual que ellas y ellos, todos y cada uno de los que hoy se encuentran en esta ceremonia han brillado por su esfuerzo y dedicación. Ustedes nos honran con ser parte de la gran familia de Gallitos y Jerezanas. ¡Ustedes son los mejores graduandos y graduandas de todo Puerto Rico!

Mas es importante subrayar que los triunfos de nuestros estudiantes son también distinciones que validan la calidad de nuestro cuerpo docente, que es, sin duda alguna, el profesorado de más alto calibre con que cuenta nuestro País y que día a día trabaja para hacer la diferencia en nuestros universitarios. A ellas y ellos mis felicitaciones y respetos.

Tras el espíritu de celebración de esta mañana hay algo importante que debemos puntualizar. Estamos convencidos que, como institución pública, no podemos desviar la formación profesional que impartimos de la formación ciudadana, porque educar es más que compartir saberes. Educar es formar el carácter humano y cultural de nuestros hombres y mujeres, y, por ende, ético y moral.

La preparación educativa de un buen profesional no puede pasar por alto su formación como ciudadano y como persona, razón que reclama a la universidad del Estado el deber de forjar espacios de convivencia y aprendizaje que viabilicen esa formación.

Una universidad de calidad y apegada al servicio público, como ha sido y es la nuestra, tiene que trabajar por convertir a sus estudiantes en, más que excelentes profesionales, ciudadanos y ciudadanas dotados de competencias y de conciencia que les permitan no solo lograr metas personales, sino alcanzar propósitos colectivos. De eso se trata el aprendizaje ético que formulamos.

Poco vale el disfrute del éxito individual sin una razón colectiva para su deleite. Por eso es tan importante entender el rol de nuestra universidad inscrito en la construcción de espacios comunes de sana y digna convivencia y de formación de ciudadanía, para lo cual es importante concebir la universidad vinculada a su entorno social. Y cuando nos referimos a nuestra Universidad hablamos del cuerpo docente, de las y los estudiantes, nuestros trabajadores y nuestros egresados.

Vincularnos significa implicarnos en los problemas sociales que aquejan la realidad que se vive fuera de los portones de nuestra institución. Vincularnos es abrazar el entorno en el que está enclavado nuestro campus, relacionarnos con nuestra geografía, aprender a convivir con nuestros vecinos cercanos y lejanos, hacerles ver que la universidad es un espacio próximo a ellas y ellos, donde pueden forjar sus ilusiones y soñar con un mejor mañana.

Se trata de lo que algunos han definido como la implicación comunitaria del aprendizaje académico. Y en esta ocasión, con el permiso de ustedes, nuestras graduandas y graduandos, quiero tomar un breve espacio para resaltar y reconocer el mérito de quienes contribuyen a esa vinculación, que es una dimensión importante de nuestra misión.

La lista la encabeza las actividades que realizamos a través del Centro de Acción Urbana Comunitaria Empresarial (CAUCE), que trabaja directamente con las comunidades cercanas a nuestro campus y junto a la que desarrollamos el Proyecto PUENTE, que busca presentarles a jóvenes de comunidades de escasos recursos la opción de estudiar en la Universidad de Puerto Rico. También está el Programa Pro Bono de nuestra Escuela de Derecho y el Programa ENLACE, una iniciativa estudiantil que pretende enriquecer la comunidad legal del país a través de la promoción de la necesidad de incorporar estudiantes de escuelas públicas a nuestras aulas de Derecho.

Desde la Escuela de Arquitectura desarrollamos el Taller de Diseño Comunitario cuya misión es maximizar la calidad de vida de comunidades que normalmente no tendrían acceso a asesoría acerca del ambiente construido y a las que se les ofrecen talleres educativos en torno a las necesidades arquitectónicas y de urbanismo.

Nuestra Escuela de Trabajo Social merece una mención especial por su consistencia en el servicio comunitario a través de los 40 centros de práctica que desde hace años coordina y en los que nuestros alumnos ofrecen servicios especializados en las áreas de Intervención con Familias, Administración de Programas Sociales y Trabajo con Comunidades.

El Departamento de Educación Física y Recreación de la Facultad de Educación ha sido vital en el desarrollo de nuevos proyectos de acercamiento a nuestro entorno comunitario mediante programas de iniciación y preparación deportiva y

actividad física. De ese entusiasta departamento, en el último año han surgido iniciativas maravillosas que vinculan a nuestros estudiantes de más alto rendimiento deportivo en una labor de servicios hermosa y cautivadora.

Hablamos del Proyecto Acuático Comunitario, del Proyecto Deportivo de Verano y del resurgimiento de nuestro equipo Los Gallitos, integrado por jóvenes de las comunidades vecinas y que actualmente compiten en el Torneo de Novicios y en la Liga Juvenil de la Federación de Baloncesto Nacional de Puerto Rico. Todas estas actividades aportan a la vinculación de nuestro Recinto con su entorno de Río Piedras desde una perspectiva inclusiva.

Con la Facultad de Humanidades hemos transportado nuestras artes musicales y teatrales a varias comunidades del País, incluyendo Vieques y Culebra, otra experiencia cautivadora que reafirma el compromiso de nuestra institución con la

sociedad puertorriqueña.

Uno de los proyectos sociales más impactante que hemos desarrollado desde nuestro campus es el Proyecto Piloto de Estudios Universitarios para la Población Penal. Este es un esfuerzo que nos ha calado hondamente porque la experiencia de reunir a grupos de confinados y confinadas para ofrecerle la oportunidad de tomar cursos universitarios nos reafirma la creencia de que la educación tiene un poder transformador. Como dice el maestro Fernando Picó: “Ahí donde el País padece, estamos invitados a servir”.

Desde la oportunidad que se nos ha ofrecido, hemos apostado a la educación como uno de los ejes fundamentales en la misión rehabilitadora del sistema penitenciario, y paso a paso vamos lográndolo. Con este esfuerzo, validamos lo que muchas investigaciones han destacado: la educación en el contexto carcelario reduce los niveles de reincidencia, ayuda en el proceso de reinserción a la sociedad y humaniza.

Hay que ver y escuchar a nuestros estudiantes confinados contar lo que este proyecto ha significado para ellos y cómo le ha aportado a ver sus vidas, y la de su entorno, desde nuevas perspectivas. Ellos y ellas también son de la IPUI.

Detrás de ese proyecto educativo hay un gran héroe que no podemos dejar de mencionar. Se trata de uno de nuestros más destacados y queridos profesores, quien inició esta gesta en las cárceles del país hace más de dos décadas y que

hoy continúa con más fuerza y esperanza. Nos referimos al catedrático y profesor distinguido de nuestro Recinto, Fernando Picó.

Junto a Picó también está un grupo de trabajo excelente de nuestra Facultad de Estudios Generales, en el que destacan las profesoras Edna Benítez Laborde, Wanda Ramos Rosado, Ramón Rosario Luna y Vicky Muñiz.

No podemos pasar por alto la mención de otros buenos profesores que han asumido el compromiso de gestar algunos de los proyectos de vinculación comunitaria que les he compartido, como el profesor de nuestro Departamento de Educación Física y Recreación, doctor Fernando Aybar.

Todos y cada uno de ellos y ellas, entre otros tantos que se nos pueden escapar mencionar, son fuerza motriz en este perseverante intento de vincular nuestra universidad y nuestro quehacer educativo con las comunidades dentro y fuera

del Recinto y, por tanto, con nuestro País. Y de eso, queridos graduandos y graduandas, también se trata la experiencia universitaria: de conducir nuestra actividad académica para servir a nuestras comunidades porque así también aportamos a forjar un mejor futuro… vamos construyendo juntos un mejor País.

Ese esfuerzo que realizamos desde nuestra Universidad, su Alma Máter, es el que les exhortamos a continuar una vez lancemos los birretes y celebremos la alegría de ser, con mucho honor y orgullo, Gallitos y Jerezanas. ¡Muchas felicidades!


*Discurso pronunciado por el rector del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, doctor Carlos Severino Valdez, durante la Centésima Décima Colación de Grados.

 

Foto: Suministrada