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Magia, que te quiero tango

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altLa palabra magia viene del latín: magia, que a su vez se deriva del griego “mageia” . La magia puede ser definida como un conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales. Son los magos, los brujos y los hechiceros son quienes administran la magia.

Sin embargo, en el lenguaje cotidiano, la magia está asociada al encanto de alguien o algo. Por eso cuando se experimentan momentos extraordinarios en la vida, momentos de transformación o momentos que marcan de forma positiva nuestra historia nos referimos a ellos como “momentos mágicos”.

Sin saberlo la hechicera mayor tenía sus planes, había hecho un conjuro para juntar varias mujeres en la provincia de Francia. Fui una de ellas. Estaba ansiosa porque llegaba de noche y de la estación del tren de Aix-en-Provance debía recorrer casi dos horas más en bus para acercarme a Mallijai, poblado donde ubica la casa de mi amiga, a quien con cariño aquí la llamo hechicera. Por más que pregunté no había dirección exacta, solo coordenadas. La hechicera me aseguraba que todo estaba en orden que estuviera tranquila. Y así fue. Confieso que por la incertidumbre tenía un plan B preparado.

Al llegar a Aix, con mi francés accidentado, me comuniqué por teléfono con el hombre que la hechicera envío a recogerme. Me preguntó cómo vestía. No sabía cómo explicar, pregunté si hablaba inglés o español. Nada que ver. Ya estaba a punto de a bajar los santos del cielo cuando frente a mí se detiene un hombre con su celular en el oído y dice mi nombre. Era Bernard, seguro me encontró por la cara de perdida que tenía. Entonces me pregunta que dónde estaba Petra. Petra, dije, no conozco a ninguna Petra. Ella llegaba ahora en el tren, me dijo. No pasó un minuto cuando una mujer de piel blanca y pelo muy negro salió del terminal. De una sola mirada pareció reconocernos. Era una alemana también amiga de la hechicera. Ella sabía francés, y para mi suerte también inglés, así pudimos comunicarnos.

Casi llegando a nuestro lugar de destino Bernard nos señala un monumento natural de piedra que parece formar estatuas de mujeres. Parecían ser un símbolo de bienvenida a este encuentro. En el camino entendí porque solo coordenadas para llegar, nos adentramos por carreteras estrechas de piedra estrecha, subimos por caminos sin nombre hasta que llegamos.

La hechicera nos recibió con abrazos y nos presentó a otras mujeres. Éramos un grupo de mujeres de Haití, Israel, Australia, Alemania, Cánada, Francia y por supuesto Puerto Rico. El lugar uno indescriptible. Realmente paradisiaco. La paz y la armonía de la campiña se respiraba sin dificultad.

Visitamos campos de lavanda y nos impregnamos de su aroma calmante. Los Alpes franceses y sus esculturas naturales en piedra eran impresionantes. El sábado en la noche se hizo una ceremonia para celebrar la vida de mujeres significativas en nuestras vidas que ya habían trascendido de este plano. Todos los que estábamos en el lugar participamos. Éramos mujeres, hombres y jóvenes. Fue una ceremonia sencilla, pero de agradecimiento a esos seres que fueron verdaderas maestras.

Al concluir nos sentamos en una mesa larga casi 20 personas. Cenamos todos juntos una comida preparada por manos de mujeres, hombres y jóvenes del grupo. Compartimos como una gran familia internacional, con diferentes culturas y lenguajes, pero comunicándonos con el lenguaje universal del amor y la amistad. A eso lo llamo momentos de magia. Todos tenemos el potencial de ser hechiceros y podemos crear muchos momentos de magia. Solo necesitamos pequeños detalles, pero sobre todo comunicarnos con el idioma universal del amor. Así se haría un mejor mundo. Seamos hechiceros y hechiceras. Hagamos un poco de magia para mejorar nuestro entorno y celebrarnos. ¿Porqué no?