Mié11222017

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Hacíamos el amor en una silla

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altHacíamos el amor en una silla.

Él tenía el pelo largo que me gustaba echar hacia atrás

el pelo largo que me gustaba oler

que me gustaba enredar.

Mientras me apretaba firme, sin movernos casi

en la silla -es difícil explicarlo-

fue algo más que sexo

era una silla y dos personas estando

sintiéndose

el uno entrando algo que se dejaba entrar en la una

y una simple silla de madera despintada

aguantando todo el peso de dos vidas de dos culpas, de dos grietas.

Un hombre que no poseía nada pero que tampoco servía a nadie.

Una criatura miserable y libre.

Fue difícil desenredar su pelo de mi vida

su pelo largo, salvaje

el velo que le cubría la mitad de la cara

y me gustaba echarlo hacia atrás

para contar las astillas que le rozaban la frente.

Un hombre de pelo largo, salvaje

una parte de mi pasado muerto.

A veces, mientras hago el amor legal,

actuando en el teatro íntimo de mi cuarto

miro la silla

y pienso en la delicia que se sienta en ella

y siento que es en esta cama donde soy infiel.