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¿Hacia una democracia participativa?

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altLos acontecimientos de estos días, nos han llevado a despotricar contra la corrupción gubernamental de maneras originales, creativas y sobre todo uniéndonos por encima de los vetustos y coge bobos partidos políticos, “boys clubs” del degenerado patriarcado. La UNIDAD del pueblo es indiscutible. El momento histórico exige nuevas realidades, y para lograrlas deberemos permanecer igualmente unidos. Nos necesitamos todos. Los de aquí y los que se han ido estamos en nuestro derecho moral de ayudar a la reconstrucción de Puerto Rico más allá de colores y fórmulas de estatus. Es que ya sabemos lo que no queremos, y no queremos que nos engañe nadie prometiendo cero tolerancia contra la corrupción y transparencia con los dientes de atrás o convenciéndonos de que será la estadidad o la independencia lo que salve al país. Adiós, partidos políticos; ya no nos funcionan.

El pueblo se hartó, el pueblo habló y el pueblo será el creador de una nueva democracia participativa de la que hablaba Rogelio Figueroa hace unos 10 o más años atrás. Este estilo de gobernanza tomaría al ciudadano y a los grupos de interés a ser partícipes responsables de las decisiones que se tomen para mejorar determinados aspectos de la política del país.

Formé parte de ese primer intento de indignación coordinada a través de la estructura de un movimiento, más que de un partido, y no hago más que pensar en cómo se habían comenzado a esbozar las maneras del posible gobierno en democracia participativa. Hoy, no solo vemos candidaturas independientes no partidistas, sino los grupos marginados fortalecidos a través de organizaciones de base comunitaria cada día más y más fuertes y compuestos por personas brillantes y muy capaces.

Recordemos que el modelo esbozado para entonces requería que se legislara para evitar crear políticos de carrera y que el ciudadano común educado estuviera a cargo del desarrollo y seguimiento de un plan de país que erradicaría la desigualdad, que incluía la revitalización de la agricultura para producir nuestra propia comida, el cambio hacia la energía renovable para abaratar todo costo de producción, y en los procesos gubernamentales un sistema de mérito y prestigio para que una compañía recién creada no ganara sobre otra que tuviera la experiencia, que cada candidato político no estuviera en su cargo más de cuatro años (con un sueldo bajo para que lo mueva el amor por Puerto Rico y no por su bolsillo) y con la capacidad de removerlo en caso de ser necesario antes del cumplimiento de su término, entre otras ideas más concretas esbozadas en múltiples reuniones.

Creo que como ejercicio de introspección debemos mirar hacia la plataforma de gobierno del Coquí que he colocado al inicio de este artículo, pues cualquier individuo o persona que gane o sea colocado en Fortaleza, tendría en esas ideas, para lograr una democracia participativa, y en Rogelio Figueroa grandes activos para Puerto Rico. Después de todo, verán que son ideas de avanzada que nos pueden servir como un punto de partida para proyectarnos hacia un futuro de justicia, equidad y verdadera prosperidad socioeconómica.

¿Cómo podremos levantarnos y ser atractivos, sino somos capaces de ser buenos administradores de nuestro país? Somos buenos en todo lo que nos proponemos. Tenemos los recursos humanos, la inteligencia, la energía vital, y las ganas. ¡Pa’ lante Puerto Rico!