Vie07102020

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Amor Pandémico

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altCada día que pasa me planteo aquello del “jamás pensé”. Todos los días, por alguna razón u otra me digo “Jamás pensé que vería esto”. Jamás pensé que vería la llegada de Hitler y la Segunda Guerra Mundial, de Franco o la Guerra de Vietnam; jamás pensé que vería aterrizar un hombre en la luna; jamás pensé que vería la epidemia del SIDA; jamás pensé que vería la caída de las Torres Gemelas, el incendio de Notre Dame o la inundación de Venecia; jamás pensé que vería a Trump de Presidente de USA. Son tantas y tantas cosas. Pero hoy me planteo que jamás pensé que vería la Pandemia del Coronavirus, un virus democrático, que ataca a todos por igual, y no a una población vulnerable. Lo único que falta es que nos culpen a la Comunidad LGBTTi+ de esta epidemia.

De la noche a la mañana el mundo cambió. La Pandemia solo ha acelerado el cambio. Lo terrible es que el cambio está destinado a individualizarnos, a eliminar el concepto de vida en sociedad. A encerrarnos en nuestras cuevas individuales. ¿El amor que conocí en su momento, hecho de sabores y olores será una cosa del pasado? Jamás pensé que llegaría el día que hasta el contacto físico estaría vedado. Que se cerrarían gobiernos, que se cerrarían escuelas y universidades, los cines, el teatro y las diversiones públicas, hasta los viajes. Ahora bien, de algo estoy seguro y es de la capacidad inventiva del ser humano. Más tarde que temprano llegara la vacuna Anti-Coronavirus. Espero que no tarde tanto como la vacuna Anti-SIDA. Obviamente como no estamos hablando de un castigo divino a pecadores/as, presiento que se acelerara, eso sí, no sin antes acabar con los reservas mundiales de papel sanitario, de las máscaras preventivas y de los detergentes. La presión del sector de la Banca Internacional y de Wall Street lo lograran. Aquella vieja frase de los economistas de cafetín “sin azúcar no hay País” será la corona de triunfo a la Pandemia.

Mientras tanto, no puedo creer la multiplicidad de información falsa que leo, producto de la ignorancia y el miedo. Entrar a las redes sociales es algo tremebundo. Y lo más terrible es que pronto se limitará nuestra capacidad de amar y demostrar afecto. Algunos ya habían optado por el amor en el mundo virtual desde hace tiempo. Y todos los ciudadanos que no tienen acceso al mundo virtual? Es absurdo creer que todas y todos tenemos computadoras o teléfonos celulares. ¿Para ellas/os no hay posibilidades?

Y el amor, ¿dónde quedará?