(San Juan, 9:00 a.m.) Los sucesos ocurridos en el Senado durante la última sesión extraordinaria han dejado claro que Pedro Pierluisi Urutia no controla el liderazgo senatorial de su propia colectividad, Partido Nuevo Progresista (PNP).  Proyectos de ley y nombramientos avalados por Pierluisi fueron rechazados por los senadores de su partido. Esta acción es un mensaje claro y contundente que la guerra interna entre las facciones del PNP continúan vivitas y coleando. 

Algunos militantes del PNP aseguran por lo bajo que el gobernador electo pudo haber obtenido una victoria pírrica que lo llevará por la calle de la amargura durante el próximo cuatrienio. Pierluisi no solo enfrenta la oposición del 67% del electorado que votó en los pasados comicios electorales, sino que deberá lidiar con una legislatura dominada por el Partido Popular Democrático (PPD) y una delegación senatorial PNP dirigida por su archirrival, Thomas Rivera Schatz. 

“No se cuan sabio haya sido ganar las elecciones”, asegura una figura prominente en las filas azules que pidió anonimato. “El partido está sumamente dividido y Pedro no se proyecta como una figura fuerte capaz de llamar a capitulo a todos los sectores internos para lograr propulsar su agenda gubernamental”. 

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(San Juan, 1:00 p.m.) Es una Navidad atípica. La característica algarabía de la temporada navideña ha sido silenciada por la terrible pandemia que ha azotado el planeta. Sin embargo, no todo es negativo. Esta Navidad nos obliga a un reencuentro con quienes somos y nos fuerza a convivir en familia.
En el pasado hemos silenciada la voz de la conciencia. Buscábamos fiestas donde celebrar las pascuas, alejados de la familia y de los verdaderos amigos. Había que hacer ruido, no podíamos pensar, ni siquiera sensibilizarnos ante el dolor ajeno.  El mensaje de amor era hueco, palabrerías sin sentido para crecernos ante otros. 
La religiosidad de la época sucumbió ante una sociedad consumista y hedonista. Cristo se convirtió en una parodia, una caricatura más entre los muchos símbolos que a diario nos inundan los sentidos para no hacernos pensar.
Estas pascuas nos han forzado a convivir con los que habitan nuestro espacio. Por supuesto, la violencia, los divorcios, los embarazos han aumentado. No es lo mismo residir bajo un mismo techo que compartir la vida con otro. La pandemia nos ha obligado a redescubrir a la gente que vemos a diario, pero se habían convertido en sombras desconocidas.
No es lo mismo vivir que convivir. Hemos descubierto la verdad de la frase aquella que reza el amor es ciego. El ajetreo de la sociedad tecnológica nos cegó. El amor se fue convirtiendo en desamor, empero no lo percibíamos. Ahora nos han obligado a conocer a los desconocidos que convivían con nosotros bajo el mismo techo.
Las parejas se han dado cuenta que esa persona con quien andan por la vida tiene múltiples defectos. Los padres, acostumbrados a que los maestros los sustituyan en el cuido diario de los hijos, se han percatado que el niño y la niña no son aquellos virtuosos que se imaginaban. Los vecinos se han conocido y muchas veces la imagen negativa que percibíamos no era tal.
La pandemia nos ha confrontado con la realidad, empero no ha nos ha robado el espíritu navideño. He notado como los adornos navideños han proliferado. Las redes sociales se han llenado de felicitaciones y mensajes sobre la temporada.
Ahora bien, la gran pregunta es ¿cómo debemos celebrar la Navidad?
Lo más importante es asegurarnos que practicamos las reglas de seguridad para evitar contagiarnos con el covid-19. Mantenga su tapabocas puesto, guarde el distanciamiento físico y lavase constantemente las manos. Tenga accesible alcohol y limpiador de manos. Evite los lugares cerrados y el aire acondicionado.
Reúnase solo con aquellos con los que comparte constantemente, preferiblemente los que conviven con usted. Haga celebraciones virtuales, no se olvide de los que ama.
Es tiempo para demostrar que el amor no es egoísta, eso se hace actuando con cordura y cuidando de usted y de los demás. Sea precavido, pero no deje de compartir. Basta con una videollamada y si no sabe, con marcar el teléfono y decirle al interlocutor un, “¡Te amo! ¡Te pienso! ¡Feliz Navidad!”
Saque tiempo para meditar sobre el verdadero significado de la temporada. La fiesta es una celebración del amor. Cristo nace en cada uno de nosotros y nos reafirma en la gran verdad del universo, Dios es amor. Acaricie a sus seres queridos con la palabra, con un gesto, cuidando de su salud y la de los demás.
¡Feliz Navidad!

(San Juan, 1:00 p.m.) El país se ha tornado en un evento musical, en el cual, el artista [pensando en Rubén Blades] regresa diciendo “y vuelve otra vez”.  Aun no hemos certificado a nadie oficial, y varios sectores claman recuentos generales, volver a contar los votos, o declarar invalidas las elecciones.    
En Puerto Rico hemos perdido el tracto de todo.  Es más fácil no hacer que hacer. En esa medida, no es posible, pensar que podemos seguir disfrutando de un país donde la evasión del problema es la norma en lugar que la excepción. Por lo tanto, los problemas se pudieron haber atajado en junio, ante la nueva ley electoral, pero la indiferencia reinó.
Si algo bueno han tenido las elecciones que acaban de pasar es que dan la impresión de que hemos entendido el mensaje: el país solo va a pasar si lo tomamos en serio y hacemos cosas.  Esto va con todos los partidos políticos, incluyendo los emergentes. Si no hacemos nada, los que nos dirigen nos siguen dirigiendo.
Es momento de pensar como seguir rescatando el país y llevándolo a donde nos gusta. El país nuestro. No el país de ellos.  Pensemos.

(San Juan, 9:00 a.m.)  Thomas Rivera Schatz, presidente del Senado de Puerto Rico, y Wanda Vázquez Garced, gobernadora de Puerto Rico, se despiden con bombos y platillos, en lo que fue el cuatrienio más desastroso en la historia reciente del país. Pero pese al verano del 2019, que culminó con la reelección del Partido Nuevo Progresista al ejecutivo, aunque muy debilitado, en el fin de este ciclo no pudieron ponerse de acuerdo para nombrar y confirmar a dos puestos de importancia para la isla-colonia, como lo son una vacante en el Tribunal Supremo de Puerto Rico y otra en dirección de la Oficina del Contralor. Ambas posiciones son constitucionales, y requerían de la nominación del ejecutivo y de la confirmación del senado.
El proyecto de anexión diseñado en la incumbencia de Luis Fortuño (2009 a 2012), que impuso llevar al Tribunal Supremo a un tope de nueve jueces, seis de ellos del PNP, culminó.  Por primera vez el PNP se autoderrota, y la pugna entre la gobernadora y el presidente del Senado, pudo más que la unidad de su partido. Por lo tanto, el nuevo gobernante, Pedro Pierluisi del PNP, inicia el 2 de enero, sin control de la legislatura, y en un ambiente muy hostil para su partido. Por lo tanto, como buenos seres que preservan su futuro, habrán de invernar.  Dificil que el Tribunal Supremo pida llenar la vacante, más dificil que sea el nuevo gobernador que pida hacerlo.  El PNP ha de dejar “quieto y callao” la vacante en el Tribunal Supremo. 
Mientras en la dirección de la Oficina del Controlador de Puerto Rico, pasó algo similar y las fuerzas del PNP lideradas por Rivera Schactz colgaron al nominado por la gobernadora.  Técnicamente, mientras no haya reemplazo, la actual directora se puede mantener en el cargo, o ser sustituida por un subcontralor.  Lo que el PNP no logrará ahora es consenso para imponer a su nominado.
En el balance de los hechos, hemos logrado que las personas que sean nominadas para la vacante en Tribunal Supremo y en la Oficina del Contralor, tengan que representar la diversidad ideológica y de identidad que impera en la isla, para que puedan ser confirmados por el Senado. Eso es un acierto. Aquí si que se ha roto hoy con la lógica bipartidista. Ahora hay que lograr que se imponga desde un cultura democrática una mejor forma de gobernanza. Ya veremos. Pensemos.

(San Juan, 10:00 a.m.) “Esta noche es nochebuena, vamos al bosque hermanito, a cortar un arbolito, porque la noche es serena”. Con esta canción mi madre nos despertaba a mis hermanos y a mí en Nochebuena. El tiempo ha pasado, su voz se apagó, pero resuena vibrante en mi mente cada 24 de diciembre.
La celebración de unas fiestas navideñas atípicas debido a la pandemia ha avivado los recuerdos infantiles. Cientos de imágenes pululan en mi memoria atestiguando que mi niñez fue una feliz e inolvidable.
Pertenezco a la generación de la abundancia. Viví la transición de un país agrícola a uno industrializado donde había empleos, oportunidades y deseos de superación. El cambio implicó una mejoría en la situación económica de muchas familias puertorriqueñas que a la larga se convirtió en poder adquisitivo para poder comprar regalos para los niños de mi generación.
Es importante recordar que las navidades no siempre fueron alegres para los niños. Muchos se quedaban sin recibir regalos de los Reyes Magos y después de Santa Claus. Mi familia era privilegiada porque mis abuelos tenían ingresos superiores a la mayoría de sus vecinos, podían comprarles regalos a sus hijos, sobrinos, ahijados y allegados, pero esta no era la normativa. 
La generación de mis padres fue la de la inventiva. Los que no recibían regalos, los construían. Abundaban las muñecas de trapo y los carritos con ruedas hechas con tapas de galletas. Algunas familias pudientes eran generosas y le hacían llegar regalos a los niños más pobres. Cualquier regalo era bienvenido y altamente valorado.
En realidad, existían otros regalos más valiosos que los comprados en comercios. El amor, la comprensión, la familia, un plato de comida, la oportunidad para hacer realidad los sueños… eran más valorados que un juguete porque ese siempre se podía adquirir o construir.
La alegría de compartir, cantar alabanzas al Niño Dios y comer los platos típicos de la temporada llenaban de júbilo a grandes y chicos. La fiesta conservaba su carácter religioso y era una afirmación de fe y esperanza por un mañana mejor.
La década de 1960, desde mi punto de vista, es la mejor época que tuvimos no solo en el siglo pasado sino en la historia del país. Verdaderamente vivimos en un país donde corría la leche y la miel. Para muchos no es más que una falacia generada por la guerra fría, pero para los que experimentamos la infancia en esa década está repleta de gratos recuerdos.
La década marcó también el desarrollo urbanístico del país. Las residentes de las nuevas urbanizaciones crearon asociaciones para fomentar el sentido comunitario y celebrar actividades para grandes y chicos. Los vecinos se convirtieron en una familia extendida.
Recuerdo las fiestas de la urbanización donde me crie. Entre todas, la de 1967 es la más que añoro porque mi hermanito, que nació en septiembre de ese año, fue el niñito Jesús. Mis hermanas y yo nos vestimos de pastores. Mucha alegría. Luego de la fiesta nos fuimos para la bajura de San Germán a visitar a los abuelos Andrés y Rosalina y más entrada la noche a Lajas a casa de mamá, mi abuela materna.
Ese año, las navidades fueron especiales, pero se inició una transición a un nuevo país. La llegada del año 1968 no tenía la misma alegría que había experimentado cuando era más pequeño. Se percibía en el aire una extraña sensación que le robaba el regocijo a los grandes y creaba incertidumbre en los chicos. Me parece escuchar a mi tío bisabuelo Francisco Acosta diciendo “se avecina una tormenta que nos traerá grandes penurias”.
El nuevo año trajo el cisma del Partido Popular Democrático (PPD). El derrumbe del sueño autonomista marcó un cambio en la conciencia del ente puertorriqueño.  Ese año también trajo la llegada al poder del Partido Nuevo Progresista (PNP). Esta victoria anexionista generó desasosiego entre la mayoría de la población que estaba atónita ante lo impensable, la derrota del PPD. Se inició un nuevo derrotero.
Recuerdo esas navidades, fueron menos alegres. Las canciones navideñas de esa época se alejaron de la espiritualidad y la algarabía tradicional para enfatizar la cotidianidad. El trauma post electoral abrió paso al nuevo Puerto Rico. Las promesas políticas se convirtieron en burdas mentiras y se inició paulatinamente la destrucción de la identidad y los sueños de mejores oportunidades.
La llegada del exilio cubano, el temor al comunismo, el fortalecimiento de la extrema derecha y la radicalización de la izquierda se combinaron para cocer un caldo hediendo que forjó una sociedad consumista, hedonista, aterrada a tomar control de sus circunstancias, dependiente de recursos externos, amante de la mentira y la patraña, ciega a la pobreza de sus congéneres, plagada por múltiples problemas socioeconómicos, una alta criminalidad, graves enfermedades mentales y una desbastadora crisis identitaria.
Empero, a pesar de todo, seguimos celebrando. Llegaron el fua, el wepa y la güelía (dame el agua Elías). Los 70 fueron años turbulentos donde las tres tristes tribus se fueron distanciando hasta crear un abismo que aparenta ser insalvable.
Las navidades también evolucionaron. Hemos mantenido elementos tradicionales, pero los adornos son cada vez más estadounidenses (lo único que nos falta es que nieve). Nos gustan los villancicos en inglés y las canciones en español se han convertido en pura algarabía fiestera. Los nuevos éxitos navideños son reflejo de la decadencia social que impera. Lo que no hemos perdido es el doble sentido irónico de nuestro jíbaro, solo basta con escuchar “Huevito sin sal” y “La madre que te parió”.
Sería injusto sino reconozco que tras 122 años de coloniaje estadounidense es normal que tengamos una marcada influencia de la metrópoli en nuestras costumbres y tradiciones.
Me queda claro que las navidades que llevaré conmigo hasta el final de mis días son las que viví en mi infancia y juventud. La pandemia no me ha robado el espíritu navideño. Mi casa está adornada con belenes y Reyes Magos. Tengo también un árbol con luces y hasta un Papá Noel que vino de Francia.
En la Nochebuena, tomando en consideración la orden ejecutiva, almorzaremos en familia, daremos gracias a Dios por sus bendiciones y cantaremos aguinaldos de antaño. Pero, en mi acostumbrada perorata navideña, les pediré a mis seres queridos que reflexionemos sobre cuál es el Puerto Rico que verdaderamente queremos y si deseamos desaparecer como pueblo para integrarnos definitivamente como una de las diversas comunidades que interactúan en Estados Unidos.  
¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

(San Juan, 9:00 a.m.) El presidente de la Fundación Fondo de Acceso a la Justicia (FFAJ), José Enrique Colón Santana, señaló hoy que la directora ejecutiva de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), Natalie Jaresko, “parte de premisas equivocadas al oponerse a la legislación que ordenaría a los bancos a transferir dinero no reclamado a un fondo para la representación legal de las personas pobres”.
Colón Santana indicó que las inquietudes planteadas por Jaresko en una carta dirigida a la gobernadora Wanda Vázquez Garced y los presidentes legislativos, en la que expresó su rechazo al proyecto de la Cámara 2310, son “injustificadas”.
La medida, afirmó, no tendría el efecto adverso a las finanzas del gobierno ni al sector cooperativo que plantea Jaresko en su comunicación. 
Consignó que las cooperativas financieras quedaron excluidas del texto enmendado por la Cámara de Representantes.
El proyecto, aprobado en ese cuerpo y que se encuentra ante la consideración del Senado en la presente sesión extraordinaria, nutriría el fondo legal para servicios a las comunidades pobres que administra la Fundación con el dinero no reclamado o en cuentas inactivas en los bancos.
Mediante la legislación, el dinero sería transferido al Fondo de Acceso a la Justicia y Fondos Unidos (United Way) para el ofrecimiento de servicios esenciales a las poblaciones más necesitadas de Puerto Rico.  
“Rechazar este proyecto es negarle acceso a la justicia a la población más empobrecida del País, que bastante ya ha sufrido los embates de la crisis económica que nos afecta desde hace unos años, y que se ha visto golpeada tras los desastres naturales recientes y el impacto del Covid-19”, sentenció Colón Santana.  
Añadió que “la postura de la directora ejecutiva de la Junta de Supervisión Fiscal no es justificada. Este proyecto cuenta con un apoyo amplio de múltiples sectores, incluyendo la comunidad de acceso a la justicia en Puerto Rico. Tan es así, que fue aprobado unánimemente en la Cámara. Sin duda, la justicia será servida con la aprobación de este proyecto”.
Del mismo modo, Amaris Torres Rivera, directora ejecutiva de la FFAJ, recalcó que “proyectos de ley como este aseguran el apoyo legal a familias que pudieran enfrentar desahucios, ejecuciones de hipoteca y otros procedimientos que les dejarían desprovistos de protecciones adecuadas, más aún en momentos donde existe una crisis mundial de salud y la merma en ingresos de tantas familias”.
Torres Rivera expresó que el proyecto 2310 es necesario para allegar recursos al Fondo de Acceso a la Justicia, que subvenciona a más de 30 proyectos legales e impacta a sobre 10,000 personas que viven bajo los niveles de pobreza en Puerto Rico.
Al presente, la Fundación Fondo de Acceso a la Justicia ha hecho accesibles servicios legales a personas afectadas por los huracanes Irma y María, la secuencia de terremotos que sacudió el sur de la Isla, personas con necesidad de títulos de propiedad, víctimas de violencia doméstica, adultos mayores, pacientes con cáncer, personas con diversidad funcional, entre muchos otros.
 

Hace unos días un buen amigo compartió con un grupo de compañeras y compañeros (en un espacio cibernético de esos que se han hecho casi imprescindibles en época de la pandemia) un escrito que, a mi modo de ver, reviste de mucha importancia y que me motivó a esta breve reflexión. El escrito, titulado Elecciones parlamentarias en Venezuela: balance del 6D es de la autoría del destacado intelectual argentino Atilio Borón ( el escrito se puede acceder en el enlace provisto previamente). En ese escrito se discuten las estrategias y tácticas que actualmente se articulan para que los poderes fácticos neoliberales reten incluso las bases de la propia democracia liberal para sostenerse en el poder. La certera lectura de Atilio Borón no se limita a describir únicamente las burdas intenciones de vulnerar el proceso democrático venezolano y su soberanía. Lo que describe y explica Atilio para Venezuela nos sirve de alguna manera para entender lo que ha acontecido -por mencionar un ejemplo- aquí en Puerto Rico con la reciente situación electoral de claro talante fraudulento. De igual manera nos sirve para entender las lógicas de lo que ha venido ocurriendo en muchos otros países de América Latina y el Caribe en distintas formas y contenidos pero precisamente bajo un mismo sustrato ideológico. Todo esto parece que ocurre como parte de una especie de guion general. Se trata de una concertación que ya -sin mucho temor a equivocarme- me atrevo a llamarle una subversión continental contra la voluntad y el espíritu democrático. Desde Quito a Brasilia y desde Buenos Aires hasta Washington, el ordenamiento democrático luce asediado y vulnerado.

Me parece que debemos estar muy alertas porque en esta novel coyuntura hay que aprender a identificar diáfanamente lo que ocurre en la Isla y qué es lo que en realidad lo origina. Igual es vital tener consciencia de que esos fenómenos locales están entrelazados a procesos continentales. No creo que se trata simplemente de lo más obvio que se nos quiere deliberadamente hacer creer a través de las diferentes esferas de las narrativas mediáticas. Se nos quiere hacer pensar que todos nuestros azares recientes ocurren por causa exclusiva de calamidades naturales, de ineptitudes, de incapacidades, de funcionarios corruptos o más recientemente se nos habla de irregularidades electorales, lo cual es cierto, pero solo superficialmente. Lo que sucede es que no creo honestamente que todos esos elementos superficiales puedan explicar la raíz de nuestros problemas. Todas esas situaciones que caracterizan nuestro estado de las cosas me parece que son manifestaciones de un problema de fondo. No se trata de malvados contra heroínas o héroes salvadores: se trata de tener claridad ideológica y un diagnóstico acertado del mal principal (problema principal) que padece la sociedad puertorriqueña conjuntamente con la situación colonial.

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