¿Cómo se paga el cariño? Cuánto cuesta cuidar la vida: conseguir la comida y cocinarla, lavar la ropa y secarla, limpiar y organizar el hogar… Cuánto, conseguir las medicinas y elaborar distintos mecanismos de sanación para curar el cuerpo y las emociones.  Parecería algo burdo tratar de ponerle signo de dólares a estas actividades y trabajos del amor, pero, ¿cómo es que miles, millones de personas – la gran mayoría mujeres – hacen posible el trabajo monumental de la reproducción de la vida humana en toda su complejidad y no reciben ningún tipo de apoyo material más allá de lo que voluntariamente le de la persona que controla el presupuesto del hogar?

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De izquierda a derecha el ‘mantengo’ se ataca como el mal principal de la sociedad puertorriqueña.  Se critica la dependencia del Estado expresada a través de los cupones de alimentos, la tarjeta de salud, entre otras ‘dádivas’ gubernamentales.  La prédica es que los pobres deben trabajar y ganar su sustento por sí mismos en vez de depender tanto. Y así, se reproducen los prejuicios y la ideología dominante junto a la ética del ‘trabajo’, el cual debe mejor llamarse explotación.

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El futuro de la economía de Puerto Rico no se ve muy prometedor, señala un informe titulado “Puerto_Rico:_Failure_of_the_State“, publicado el jueves por Wells Fargo Securities. ¿Cuántos años puede una economía que no crece, o peor aún, que sigue disminuyendo, continuar manteniendo sus niveles de gastos sin colapsar? se cuestiona el analista Eugenio J. Alemán, que residió durante varios años en Puerto Rico.

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A pesar de ser de San Sebastián del Pepino, no tengo dotes de agricultor. Como planificador urbano, y facilitador de proyectos comunitarios reconozco la gran labor que están haciendo un grupo de nuevos agricultores ecológicos a la agricultura del país. Quiero aprovechar este espacio para hablarles del Banco de Semillas de Puerto Rico como parte del esfuerzo por trabajar hacia una soberanía alimentaria en el archipiélago de Puerto Rico.

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Es común, casi universal, preguntar, discutir y estudiar sobre cómo está ‘la economía’, pero pocos se preguntan sobre cómo está la gente.  Dirán algunos que es lo mismo, que si la ‘economía’ está bien la gente también, y si está mal, pues mal la gente. Pero esto no es tan sencillo y lógico como suena. Bien se sabe que desde hace décadas, y en muchos momentos a través de la historia, el crecimiento económico y el bienestar colectivo no van de la mano, si es que en algún momento estuvieron completamente ligados.  Sin embargo, aun se habla como si tal relación fuera obvia y natural.

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Que mucho se debe, y que desbalanceada está la economía.  La mayoría de la gente son deudores de dinero y los que lo ‘prestan’, cobrando grandes intereses, tienen deudas éticas que son casi imposibles de pagar.  ¿Cómo se paga la opresión, el envenenamiento, el asesinato, la explotación? Los que mucho tienen deben todo, y más. Balzac decía que detrás de cada gran fortuna había un crimen. ¿Cómo se paga un crimen?

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Muy pocos hablan de la importancia de ‘decrecer’.  Todos, o casi todos, de derecha a izquierda, y lo que está entre medio, quieren que la economía crezca y desarrollan sus programas basados en lo mismo: crecimiento económico. Si bien los segundos hablan de mayor distribución de las riquezas y de socialización de los servicios/necesidades básicas para la vida, como la salud, casi ninguno se refiere a la necesidad de decrecer, de disminuir los gastos y las aspiraciones ‘metroburguesas’ y ‘ecocidas’ del consumo conspicuo y la acumulación eterna de capital.

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Es posible un cambio a una economía social y solidaria donde el patrimonio cultural y el talento se aprovechan para constituirnos en uno de los centros importantes de producción y distribución de bienes y servicios en el Caribe y en el hemisferio.

En la economía solidaria se afirman y comparten principios de inclusión, basado en la ética, democracia, solidaridad, respeto a la dignidad y los derechos humanos como reflejo y apoyo del desarrollo integral individual y colectiva para el disfrute de la vida; y las creencias y tradiciones de los Individuos, familias y comunidades en Puerto Rico; se valoran, conservan, defienden, promueven y se beneficiaran espiritual, social y económicamente de sus fiestas, tradiciones costumbre y creencias.

En la economía que propongo se valora, conserva, defiende, promueve y todos nos beneficiamos espiritual y económicamente de lo artístico, arquitectónico y ambiental que ofrece Puerto Rico. La producción cultural de Puerto Rico en una economía solidaria se reconocería y se facilitarían vías efectivas de distribución local e internacional; En los medios de comunicación se estimula la responsabilidad social en los medios masivos de comunicación; En la recreación existiría una amplia gama de ofertas culturales y de recreación de interés y accesibilidad para todos mediante variados programas e instituciones culturales, medios de comunicación masiva, instalaciones y áreas de esparcimiento activo y pasivo.

En cambio vivimos hoy una economía enfermiza que para estimularla hay que despedir a miles de padres y madres de familia con la intención sin éxitos de que inversionistas ricos del extranjero inviertan sus migajas en Puerto Rico. Que todos los días los bonos del País esta en riego de devaluarse. Una banca descapitalizada por que el dinero no se queda en Puerto Rico y se va para el extranjero. Que no ofrece oportunidades de empleo a nuestros profesionales. Que no hay equidad, justicia, paz…

Es posible otra economía hay que caminar hacia ella, hay que buscar una economía social y solidaria.