El atardecer se hacía notar en Tochiyima, barrio ubicado a las afueras de Tokio. En la Casa Kaiiazaki se acomodaban en el jardín las féminas que allí vivían.  Era la hora de la cena y a todas les tocaba disfrutar de un plato de tallarines fritos. Las mujeres mayores se sentaban a la mesa.  Cada cual tenía su silla pequeña o zafu. Las jóvenes, que debían cuidarse más porque se acercaba el día de venta, se sentaban en una mesita sobre suelo de tatami ubicado en el balcón de la escuelita, practicando en todo momento las formas correctas de comportamiento. Las niñas se colocaban en la primera piedra plana que encontraran vacía en el suelo, casi siempre cerca de sus cuidadoras.

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El caribe en el exilio (Puerto Rico, Ediciones Coa, 1990).

A Jimmy, un panita.

Así era él, como todos los emigrantes que por alguna razón humana, habían venido a la metrópoli, en busca de un mejor ¨quién sabe¨.  Para él ya eran cuatro años desde que había partido de su tierra, en dirección de estas enormes fronteras.

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Ensayos para la terraza. 2008/2010

Esto de ser parte de las sociedades del presente es todo un fenómeno. En cualquier caso, porque como en la película Back to the future (parte I), nos permite vivir el presente a partir del pasado y comprendiendo el futuro. Pero más allá del cine, es algo real -estamos en el presente que, a su vez, es el futuro que siempre nos recuerda el pasado.

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Comúnmente, lo que se prohíbe es lo que resulta más tentador, y de una manera u otra, se pone en práctica lo censurado o se dice lo que no es debido. Nosotros los puertorriqueños tenemos esas ‘cositas’ que nos hacen únicos y diferentes a otros seres humanos y casi siempre el decirnos que no hagamos, tomemos o digamos algo, es una invitación a que sea realizado. El acto de identificar ciertas palabras como ‘malas’, hace que las utilicemos tal vez para resaltar algo u opinar sobre algún evento que pueda estar ocurriendo en la cotidianidad del día empujándonos a inmutarlas. En todo el planeta, ¿se puede contabilizar la cantidad dispersa de puertorriqueños? Somos muchos en realidad y tenemos una característica peculiar como la sazón al cocinar y también al menear las caderas cuando de un buen baile de salsa gorda se trata. También por ser revoltosos y por tener el magnífico arte de ir en contra de las reglas. Si no nos hacen algo que queremos, nos ‘encojonamos’ rapidito y ‘montamos trompa’. Sin embargo, si no hacemos lo que nos toca hacer, resolvemos todo diciendo que el mandato no fue ejecutado simplemente porque se nos ‘salió de los cojones’ el no hacerlo sin importar la presencia de un niño, un reverendo o nuestra madre. El punto es que resolvemos muchos de nuestros dilemas con un clásico vulgarismo o en palabras más simples, hablando malo.

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El africano vino sin invitación a mi país. En ningún momento se realizó una consulta en el río Congo, en el imperio de Mali, ni los reinos Basotho, Carabalí y tantos otros. Sacaron a las comunidades africanas a la fuerza de su tierra, y a la fuerza las trajeron a la nuestra.

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En una celda dos hombres conversan uno de ellos en congoja, mientras el otro parece burlarse. El primero, el Hombre,  lleva un pedazo de papel en las manos.

Hombre 2: (Se acerca) Y a ti,  qué te hicieron?

Hombre 1: No quiero hablar de eso.

Hombre 2: No si, nunca nadie quiere hablar de… ESO. ¿Te da penita?

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