Aunque no me lo crean, esta es original. Sobre todo que a las 7am, antes o después de hacer ejercicio (prefiero después) una buena batida es un complemento nutritivo excelente. Sobre todo, para sentirse bien. No sé si le mejora el desempeño de sus neuronas, pero a mi me viene súper bien. En esta medida, y siguiendo la línea de las batitas, para superar la sequía que dejó Usain Bolt al pasar en su celaje, sugiero hoy una muestra de papaya. Llamémosle una batida de Papaya Strike.

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Aja, la editora me dio esta encomienda de escribir una seccion de Fogón Caribeño durante el mes de agosto (¿habrá pensado que me faltaban destrezas culinarias?). Lo cierto es que he desempolvado de mi memoria mi arte culinaria – la cual está a nivel clandestino. En fin, pero que viva el arte de cocinar.

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Ya te dije que comer plátanos, sean fritos o hervidos, es un asunto que te cambia los parámetros físicos. Es decir, uno engorda a la fuerza. Así que en el mundo de los mofongueros de Puerto Rico, o los manguceros de la República Dominicana, llegamos a los que les gusta el fufú – estos son los cubanos.

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Hace unos años estuve en Uganda, en un congreso sobre las ciencias sociales. En una noche de alegría y disfrute, nos llevaron a un lugar típico a bailar la música local y sobre todo a comer la comida de allí. Lo que me sorprendió fue un plato hecho con plátanos, en este caso maduros, envueltos en hoja de plátanos, y con carne adentro. Si me preguntan se trataba de un mofongo puertorriqueño, pero con plátanos maduros.

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Será que la rapidez de Usain Bolt me dejó un poco seco. O será que aún estamos en la mejor parte del verano en el Caribe, cuando todo está caliente caliente. Lo cierto es que para la segunda semana de agosto, lo mejor que puedo presentar es un menú de batidas. Casi todas son mis originales. Pero en honor a Jaime Espinal, el luchador puertorriqueño que obtuvo medalla de plata en los 84 kilos, nacido en, y de padre y madre dominicanos pensé que lo más caribeño sería comenzar con una buena batida dominicana – para refrescarte.

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Mi infancia fue un tanto confusa. Tratando de ser puertorriqueño en Puerto Rico, me criaba en una casa, netamente caribeña. Es decir mis referentes eran los del Caribe hispano: Cuba y la República Dominicana. Mi choque cultural mayor, era a través de las comidas: como explicarle a mis amiguitos y amiguitas de la escuela, que yo no comía lo mismo que ellos comían. Un lío.

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Será por el hecho de que tengo la suerte de ser hijo de una mujer dominicana, que desde pequeño, en medio de Puerto Rico y la vida, me cultivó un gusto por la comida dominicana. Ojo, que era dominicana, dominico-libanesa y dominico-española. Es decir, se trataba de una cocina donde lo autóctonono se mezclaba con las distintas migraciones que en la década de 1930 y 1940 se dieron a dicho país caribeño.

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Que orgulloso me sentí que nuestra delegación olímpica Puertorriqueña los vi en Facebook retratados en Londres junto a unos plátanos. Es que nuestra mancha de plátano nadie nos la despinta. Hemos hecho nuestro ese fruto originario del Asia.

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