Mi papá, hacía una semana atrás, había comprado el panel, lo picó a la mitad a lo largo, le colocó alfajías de 1” x 2” y lo pintó de blanco. Así se lo pidió mami, porque el año anterior había usado un panel 4 por 8 picado a lo ancho y ahora las casitas no cabían. Mi madre era particular en eso de buscar las casitas y la gentecita para su aldea de Navidad. Según pasaban los años, compraba las casitas.

El caso es que en esta Navidad, le tomó todo el día planificar la aldea - que se convirtió en dos por tener tantas casitas y el panel ser tan estrecho - montar las bombillas y establecer las aldeas. Había parejas, hombres llevando niños, mujeres llevando niños y niñas, coros, monaguillos, gente llevando árboles, patinando, unos cuantos Santa Claus (lo que no era de su agrado porque prefería Reyes Magos), bomberos, policías, gente cargando agua del río. También había animales: caballos de tiro, perros, conejos, venados. Para establecer la tradición cristiana incluyo un pesebre en cada aldea.

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Me escondo y desnudo mis amores
Acaricio cada letra terciopelo que baja por mis dedos
Y habito en cada palabra a contraluz.
Arranco de mi garganta los gritos de un poema
Que ha permanecido escondido entre las sombras...
Tripulante de sueño y fantasía

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Bip,bip,bip,bip,bip,bip,bip,bip,bip,bip…

            -Tenemos una actividad esta noche, Karim nos invitó a un jangueo en su apartamento. Nos encontraremos con Neysh, Gian, Pepo, Leyka y otras amistades que tú no conoces-dijo Emanuel.

            -No sé si pueda ir, estamos en cuarentena y hay toque de queda. Mamá dice que no podemos salir de casa- señaló Luigi. -No creas que no me hace falta, siento este encerramiento una eternidad, me siento tan extraño de estar tanto tiempo en familia, apenas los empiezo a conocer, que ironía. Sin embargo, con ellos no me siento solo.

            - Déjate, de mierdas hermano. Vamos a joder esta noche, tú mamá ni se entera. Tiene tanto miedo que se pasa empepá con tantas pastillas para la depresión.

            - Te recojo a las 11:00, después del toque de queda. No falles, cabrón.

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Sombra bicéfala

bajo la luz candente

de un cielo fiero, sombra.

Insolicitada, allegada

a mi puerta;  y umbras oscura

bajo el blanco frío

del hielo.

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Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalida en la calle

no pediría pan

sino estiraría mi mano con la hija en brazos

derramaría una copita de ron en la acera (pa’ la suerte)

y pediría un mendrugo del otro pan q ue me daría más hambre

 

Pan para la piedad

virgencita de la Macarena

 

Pan para la paz

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