El 14 de junio de 2026, el New York Times publicó un artículo muy revelador y preocupante sobre la dificultad y a veces imposibilidad de discernir videos engañosos—los falsos—creados con ayuda de la susodicha inteligencia artificial (IA).1 Eli Shaw autor de ese artículo señala que“El experto mundial de deepfakes ya no confía en sus propios ojos.” Se refiere al profesor Hany Farid, de la Universidad de California-Berkley, quien, a pesar de su vasta experiencia y conocimientos sobre la fabricación de fotos y videos falsos, manipulados o tergiversados, se enfrenta al reto de poder identificar y diferenciar las imágenes reales de las fabricadas con intervención de la IA.
Si a este experto se le dificulta discernir videos reales de los falsos, ¿qué podemos hacer nosotros? Hay respuestas que abordamos más adelante, pero no son fáciles. Menos aun cuando se trate de videos de temas o asuntos de los cuales nuestros marcos de referencia son limitados o están sesgados por preferencias religiosas, políticas o de cualquier otra índole. Me refiero a marcos de referencia que nos predisponen a interpretar lo que vemos y escuchamos de maneras particulares y no necesariamente las reales o acertadas.
Vale reconocer que con o sin ayuda de la IA, circulan cada vez más y más videos y todo tipo de noticias y mensajes falsos, alarmantes, promoviendo odio, polarizantes. Y cuando se trata de mensajes políticos falsos, de esos circulan muchísimos más y son peores aún.
Hay múltiples consecuencias muy preocupantes y negativas producto de los mensajes políticos que dejan duda sobre su veracidad. Entre otras, aumenta la desconfianza, la apatía, el cinismo y el distanciamientosocial. La gente no saber qué creer, en qué o quién confiar para superar la incertidumbre y actuar efectivamente ante los problemas sociales, económicos y políticos.
No obstante, el primer “qué hacer” está en nuestras propias manos cada vez que llega a nuestros móviles o computadoras algún video que sea demasiado bueno o malo y provoque la más mínima duda. La acción a tomares VERIFICAR antes de aceptar como verídico, compartir o hacer “like”. Y si resulta falso, descartarlo de inmediato.
Pero esto no es suficiente para superar los retos a nivel social más amplio; es indispensable que se tomen pasos concretos para enfrentar el futuro incierto de la desinformación y la propaganda falsa, sea de donde sea que venga. Las sugerencias a continuación se enfocan en temas de campañas políticas antes, durante y luego de períodos eleccionarios. Pero se pueden aplicar para otros temas como emergencias de salud, cambios o desastres climáticos, y enfrentar la corrupción que se sigue “normalizando” en el gobierno colonial.
Primero, se debe archivar y monitorear videos políticos, especialmente anuncios de campañas. Idealmente, esos contenidos podrán estar en algún sitio o sitios de Internet donde se puedan evaluar y analizar su veracidad, falsedad o duda.
Segundo, además de monitorear, se debe averiguar y divulgar el origen y autoría de mensajes, especialmente los que sean evaluados como falsos.
Tercero, con esta información, se pueden organizar talleres comunitarios y académicos para capacitación / alfabetización de análisis y evaluación de noticias, especialmente de temas políticos. En otras palabras, tener conversatorios para ayudar en el aprendizaje e interpretación de noticias, y cómo funcionan la diseminación de todo tipo de mensajes (especialmente de índole política) a través de las redes sociales. Esos talleres ayudarán al público a desarrollar por lo menos marcos de referencia para entender los efectos nocivos de mensajes negativos.
Cada uno de estos tres pasos requiere colaboración entre profesores, estudiantes, organizaciones de periodistas y personas de la comunidad interesadas y dispuestas a trabajar en metas comunes al respecto. Profesores y estudiantes de diversas disciplinas y universidades pueden adoptar esas tareas como parte integral de las clases para que se produzcan informes, ensayos y columnas de opinión que estén al alcance del público en general. La colaboración multisectorial también es indispensable para maximizar la calidad analítica ydiseminación de la educación y capacitación pública.
Idealmente, se incorporarían personas de la comunidad que ofrezcan perspectivas sobre los temas y asuntos prioritarios para los análisis y sus respectivas realidades locales. Pero también es posible que grupos comunitarios laboren por su cuenta en los monitoreos y análisis para que luego compartan y comparen sus propios hallazgos y conclusiones.
En Puerto Rico se han dado algunos pasos muy conducentes a capacitación de lectura crítica de noticias y medios. Por ejemplo, lideraron en esos esfuerzos la Dra. Helga Serrano, del Centro para la Libertad de Prensa; la Dra. Aileen Estrada en la Universidad Sagrado Corazón; Anette Sofía Ruiz con sus talleres de alfabetización mediática de Comunicarte2; y el Dr. Maximiliano Dueñas de la UPR-Humacao. Más recientemente se destacan los talleres “Medioscopio” dirigidos por Carla Minet del Centro de Periodismo Investigativo.3 Todos estos esfuerzos son muy importantes y valiosos, pero todavía con alcance limitado.