(San Juan, 10:00 a.m.) Como decenas de miles de compatriotas, acudí al cine para ver LA ODISEA, el último éxito de taquilla que ha producido Hollywood. Dirigida por Christopher Nolan y basada en la piedra angular de la literatura occidental, LA ODISEA de Homero (compuesta hacia el siglo VII a. C., pero basada en "hechos" acaecidos en el siglo XII antes de la era común). En la épica se cuenta el accidentado viaje de regreso de una década de duración del héroe aqueo Odiseo desde las costas de Troya hasta su natal Ítaca.
Llena de peripecias y sobresaltos que le permiten al auditorio antiguo, que saboreaba la declamación presencial del rapsoda, y al contemporáneo, que enguyendo palomitas de maíz y tomando gaseosas, puede aún ponderar y solidarizarse con el dolor que se incrusta en la nostalgiala, la ilimitada extensión de la experiencia y las astucias humanas y las profundidades del alma y la conciencia, el magno poema concluye con la cruenta y justa venganza que el protagonista perfecciona contra los avariciosos pretendientes de su esposa
Penélope. Así Odiseo, fecundo en ardides, prevalece contra la desmesura de quienes contra la ley sagrada no escrita y una tradición milenaria de conveniente "honradez", intentaban arruinar su reino, avasallar a su esposa y eliminar a su hijo.
El filme, hermoso y conmovedor como su eximia fuente de inspiración, contiene en su epílogo un parlamento hilarante que obviamente no podía figurar en el épica homérica y que asfixió la ilusión de grandiosidad, perfecta justicia retributiva y exaltación de la vida doméstica del final de la obra: Odiseo muy cariacontecido le anuncia a una Penélope que se compunge, la conclusión de la Edad de Bronce.
Ese anacronismo es la cosa más risible que haya podido contener el "blockbuster" de Nolan. El concepto Edad de Bronce lo acuñó, en la década de 1830, el arqueólogo danés Christian Jürgensen Thomsen cuando, para ordenar los objetos prehistóricos contenidos en el Museo de Copenhague, utizó como criterio el material principal de manufactura. De esa iniciativa surge el establecimiento de la cronología aceptada universalmente que establecló tres eras antes de la invención de laescritura, a saber, Edad de Piedra, Edad de Bronce y Edad de Hierro veintiséis siglos antes de la posible existencia del por antonomasia genial aedo ciego cuya cuna se disputan siete ciudades griegas y su inmortal ODISEA.
Recomiendo a todos los que lean estas cuartillas que acudan a ver LA ODISEA de Christopher Nolan y les ruego encarecidamente que no se rían cuando Matt Damon, sinceramente apesadumbrado, le da la luctuosa nueva del deceso de la Edad de Bronce a una desolada Anne Hathaway. Les confieso que asi se evitarán las envenenadas miradas de las torvas faces de sus vecinos que en unión a usted se hayarán disfrutandi del "mejor entrtenimiento en el mejor ambiente".