«E il naufragar m'è dolce in questo mare».

[Y naufragar me es dulce en este mar]

 

Giacomo Leopardi, “L'infinito”

[El infinito]

 

El inventario “El Titanic o el infinito naufragio” es un texto que parte del verso de Leopardi citado en el epígrafe de esta breve reflexión, y aparece al final de El infinito naufragio: antología general, compilada por Laura Emilia Pacheco, hija, y donde se incluye parte de la poesía, narrativa y ensayística de su padre, el escritor mexicano José Emilio Pacheco, para conmemorar lo que hubieran sido los 80 años del poeta en 2019. A tono con la poética pachequiana, este inventario es un ensayo periodístico publicado originalmente el 27 de febrero de 1989, en la sección Cultura de la revista Proceso, donde se reflexiona sobre el desastre en el tiempo, tropo esencial de toda la literatura de Pacheco. El pasado 15 de abril de 2021, el hundimiento del famoso trasatlántico cumplió 109 años en medio de la pandemia del coronavirus que nos aqueja. Dividido en varias partes, a saber: inicio, “La tempestad del progreso”, “La Bella Época”, “Comerse el mundo”, “La helada montaña oscura”, “Horror nocturno en el mar” y “Un extraño presagio”, este breve escrito de apenas ocho páginas reflexiona sobre “nuestra arrogancia humana siempre derrotada por la fuerza invencible de la naturaleza” (417). 

 

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Poemas [de Hugo Margenat] llenos de fuerza en muchos de los

cuales se funden patria y mujer para construir

un motivo poético y estético de primera

importancia en la producción del poeta.

Alma I. Acosta Cartagena

 

Y no hay poder como la carne

política de Dios.

Yván Silén

 

[…] y recuerdo el espeso y lento almíbar

del dulce de papaya que confeccionaba mi madre.

Edgardo Nieves Mieles

 

En Río Piedras admiré la piña de Nick Quijano […]

Julio Ramos

I

Paciente, más que paciente. Como la mayoría de los libros. Treinta años sin moverse de la biblioteca. Esperando su momento entre las publicaciones del Instituto de Cultura Puertorriqueña compradas en oferta en el Viejo San Juan de los 90 —como los dos tomos, en edición de 1974, del Diccionario de la literatura puertorriqueña (1955) de Josefina Rivera de Álvarez—. Espera; larga abstinencia de tres décadas.

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En Barcelona, los catalanes aceptaron que la Casa Vicens, la primera obra construida por el maestro Antoni Gaudí, entre los años 1883 y 1885, declarada Patrimonio de la Humanidad, se convirtiera en un Airbnb: “Pues bien, ahora, Airbnb anuncia que, por primera vez en mucho tiempo, dos personas podrán pasar una noche inolvidable en la histórica casa Vicens.” Como parte de la oferta turística, que Cataluña tiene para ofrecer en tiempos de pandemia, los interesados podrán pernoctar en la casa ubicada en el barrio de Gracia, diseñada por Gaudí, para Manel Vicens i Montaner, un corredor de cambio y bolsa.  Mientras tanto, en Puerto Rico, los llamados “patriotas de la cultura” o “defensores del patrimonio arquitectónico” se oponen a las restauraciones privadas de nuestras joyas históricas. Edificios que están en manos de un gobierno en bancarrota, al que no le interesa remodelar estos tesoros, que pueden encontrarse en cualquier rincón de la isla, pero que solemos ver en el Viejo San Juan, Santurce y Río Piedras.

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Corre desnudando el alma,

el encuentro en el espacio

del amor que ha de incorporarse

por ti en el giro de una ola

la lluvia azul de la pestaña

y el más hermoso tibio toque.

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De pronto, las tropas llegaron a Afganistán para buscar al cabecilla de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Los defensores del planeta, a su paso por el país asiático, no encontraron resistencia. Decidieron, convertir en soldados, a campesinos que apenas sabían leer y escribir. Le proveyeron armas, les enseñaron supuestas estrategias de combate. Los líderes del Norte jamás comprendieron que era una cultura totalmente diferente.

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En estas breves horas que me restan para ir al Reencuentro Internacional de Poesía en Safi, Marruecos, me he puesto a pensar en los poemas que llevo en la maleta y que por no saber árabe, serán traducidos sin yo tener idea de las imágenes, de las palabras, del sentido y del sentimiento… No es que me preocupe, pues este festival tiene excelentes traductores, es que yo me debería de ocupar en aprender más idiomas. Recuerdo haber trabajado con mis amigas Marta Emmanueli y Martha Lima unas traducciones al inglés (idioma que sí domino) de algunos de mis poemas y darme cuenta que la emoción, el tono y el ritmo solían cambiar. Al respecto, recuerdo comentarios de pasillo en los edificios de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, donde realicé mis estudios, sobre la traducción de un poeta francés hecha por un poeta hispanoamericano que supuestamente superó la belleza del texto original… Son gajes del oficio y es que un traductor poético ha de ser poeta confeso o inconfeso, sin lugar a dudas.

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Buenas queridos (as) compatriotas . Ya pueden adquirir mi libro: "Versos y boludeces de un Grumete", una evocación de mi parte de los Versos del Capitán.

Es un escrito que combina el estilo de la prosa con un lenguaje poético. Sigo el ejemplo de Julio Cortázar, que escribía en ambos estilos y le llamaba proxemia.

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