Los colores suelen utilizarse en la literatura para describir personajes, objetos, lugares, estaciones del año, estados anímicos; pero, básicamente es en el arte, donde más perspectiva tienen, porque no podría haber expresión artística sin color. En un curso de simbología, Nadia estudió a Juan Eduardo Cirlot y su Diccionario de símbolos, que sigue siendo una de sus biblias. Allí descubrió que hay colores cálidos como el rojo, anaranjado, amarillo y el blanco. También están los llamados fríos que incluyen el azul, añil, violeta y el negro. Es decir, según Cirlot, los colores cálidos corresponden a procesos de actividad e intensidad. Por su parte, los fríos significan pasividad y debilidad.

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La belleza de este poemario combina el verbo del Poeta de la Imagen, Guillermo Arróniz (1977), quien también ha publicado como Guillermo Arróniz López, y las imágenes de los cuadros de maestros de la pintura comoRubens, Tiziano, El Greco, Ribera, Zurbarán, Velázquez, Jordán, Goya, Madrazo, y las esculturas, alguna anónima, o, de Bartolini, Solá, Rossi, Benlliure, entre otros. No sólo en el acto de écfrasis, o descripción poética de una obra de Arte; sino también en la reflexión en verso del devenir de los sujetos retratados. La maestría de la palabra de Arróniz López en este libro podría considerarse como una de sus mejores obras literarias rayando casi en una pequeña obra maestra.  Sobre todo si se toma en cuenta que el poeta ha venido hace años escribiendo todo un corpus de revival de los poemas del Siglo de Oro Español en reescritura contemporánea, pero mirando a un pasado que se nos ha quedado brillantemente suspendido en sus letras, en libros como De verso en Greco (2015) y Mi fe desnuda (2019). Hay aquí ecos de Boscán, Garcilaso, Herrera, Góngora, Quevedo, Sor Juana, pero re-contextualizados en una forma lúdica donde el hablante lírico reescribe y continúa esa larga tradición hispánica hasta el siglo XXI.  Es como si en un episodio de la famosa serie El Ministerio del Tiempo se hubiera quedado atrapado en nuestra época uno de esos poetas áureos y ese es Guillermo Arróniz López.

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[Nota del Autor: Esta breve reseña nace de una conversación con el autor y con el Profesor Jonathan Montalvo para el Pen Internacional de Puerto Rico sobre el personaje trans en la literatura puertorriqueña: https://www.facebook.com/miguelangel.lugomarcano.5/videos/342073824309831]

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Mujer, lamentablemente, y después de unas décadas de somero ejercicio de igualdad constitucional de los derechos de la mujer, han salido al paso los fundamentalistas, gente que pertenece a tu iglesia, tal vez. Vienen con una agenda a querer echar por el suelo los avances de las luchas feministas del pasado comenzando por el derecho al aborto. Les recuerdo a todas, que si has ido a la escuela o vas a la universidad, si trabajas como dentista, cirujana, policía, reportera, especialista de cualquier profesión, arquitecta, ingeniera o en la profesión que te guste, te inspire o hayas soñado de niña, no lo haces porque de buena gana un día en el siglo 19 los legisladores te lo comenzaron a permitir (Leer la Declaración de Séneca Falls de 1848). Se trata de luchas, de protestas de mujeres que dieron la vida por lo que tenemos hoy. A parte de, si en lo personal esté o no de acuerdo con el aborto, el que Cristo no se haya expresado al respecto deja mucho qué pensar, sobre todo a los sectores fundamentalistas que encuentran justificación fuera de los Evangelios. Además, ¿por qué imponer una creencia a toda una población cosmopolita como lo es la de la nación estadounidense? ¿Acaso no hay libertad de culto en las democracias? ¿Acaso no hay separación de iglesia y estado?

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Poemas [de Hugo Margenat] llenos de fuerza en muchos de los

cuales se funden patria y mujer para construir

un motivo poético y estético de primera

importancia en la producción del poeta.

Alma I. Acosta Cartagena

 

Y no hay poder como la carne

política de Dios.

Yván Silén

 

[…] y recuerdo el espeso y lento almíbar

del dulce de papaya que confeccionaba mi madre.

Edgardo Nieves Mieles

 

En Río Piedras admiré la piña de Nick Quijano […]

Julio Ramos

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Luego del gran golpe que nos dio el huracán María, pasaron varias situaciones en el país. Muchas familias perdieron sus pertenencias. Había mucha escasez de suministros. Las ayudas no llegaban. Había pueblos que no había manera de lograr acceso, ni de salir de ellos. Sin embargo, surgió algo que pocos se esperaban. En los vecindarios, se comenzaron a retomar las comunicaciones entre las personas. La gente se ayudaba. Vecinos de mucho tiempo se dieron cuenta, por primera vez, que vivían uno al lado del otro. Habían comenzado a comunicarse y a colaborar como una familia; una familia extendida cuyo dolor era nuestro y sus alegrías también; y, poco a poco, nos fuimos uniendo más.

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Hace  varios meses y en varios escenarios me he topado con personas que piensan que porque algunas palabras sean  agudas definitivamente hay que escribirles el acento. Este es el caso de alguien que discutía por el apellido Ortiz, y que decía que se escribía con acento.  Bueno, el Ortiz del que hablamos es de ascendencia española y debe escribirse sin la tilde. El español es una lengua fonética y como tal tiene unas reglas que al aplicarlas nos dice que Ortiz no lleva tilde. Imagina que de buenas a primeras a todas las palabras agudas que terminen en [z]  hubiera que escribirlas con tilde, serían decenas de nuevas tildes innecesarias.  Y si aún no entiendes que escribir Ortiz con tilde es tan erróneo como escribir feliz con tilde, entonces, harás como el escribiente que una vez me agradeció un favor con el siguiente mensaje:  Lo subrayo porque no hay ni un solo acento en ninguna de las palabras que usó.

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Aproveché el verano entre otras cosas, para escribir cuentos, ensayos, trabajar en la edición de una novela y leer libros. Todos los años reviso lecturas inéditas para decidir qué asignar a los estudiantes que comienzan un nuevo semestre. Por tal motivo, en el mes de abril,compré Aún aguardo por tu llamada 11 cuentos y un monólogo del licenciado Daniel Nina. El libro está dedicado a Carlos Muñiz Valera (1953-1979) y en él encontramos el cuento Aún aguardo por tu llamada, donde mezclando historia y ficción, relatan la trágica muerte del cubano Muñiz Varela, residente en Puerto Rico, desde su niñez. Vuelve a examinarse en la historia el complot, la maquinación entretejida que resultaron en el asesinato de uno de los dueños de la famosa agencia Viajes Varadero. Según afirma su amigo y socio, Raúl Alzaga Manresa, en un artículo publicado el 29 de abril de 2019 en Cuba Debate, su muerte fue concretada: por parte de elementos de la extrema derecha cubana en Puerto Rico como consecuencia de sus gestiones para viabilizar los viajes de cubanos a Cuba, la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y de susposturas afines a la independencia de Puerto Rico y al proyecto social y político que se desarrollaba en su país de origen, Cuba.”

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